Días de accidente

Autor:

Yurisander Guevara

Sucedió en menos de cinco segundos. El estruendo ensordecedor atrajo la atención de los vecinos.  Justo encima de una cerca rodeada de arbustos espinosos yacían dos hombres y los restos de lo que fuera una motocicleta. Habían impactado contra una palma, tras tomar una curva a excesiva velocidad.

Por casualidad me encontraba visitando a un amigo que vive en esa cuadra cuando sucedió la tragedia. Sin embargo, no puedo olvidar el comentario de uno de los presentes en medio de la conmoción: «es el tercer choque esta semana». «¡El tercero!», exclamé asombrado. «Sí, pero no se asombre, mi niño, que eso en esta curva es muy corriente», me respondió una señora con naturalidad.

Quedé de una pieza al escuchar tales palabras. Por increíble que parezca, esta historia se repite una y otra vez en una curva de la carretera que conecta el centro del municipio capitalino del Cotorro con la localidad de Santa María del Rosario que, dicho sea de paso, no está debidamente señalizada en ninguno de los dos sentidos. Luego de ese día, mi amigo a cada rato me «informa» de otros accidentes. De hecho, frente a la suya una casa perdió parte de su cerca perimetral «gracias» a un «almendrón», y frente a esa vivienda varios arbustos fueron literalmente chapeados por otros motociclistas.

¿Cómo es posible que esto suceda tan a menudo?, me pregunté de mil maneras, pero la respuesta siempre fue la misma: ocurre, en primer lugar, por la irresponsabilidad de los conductores.

En Cuba, los accidentes automovilísticos se ubican dentro de las principales causas de muerte, un dato muchas veces revelado en los medios de comunicación y que desgraciadamente no es interiorizado por quienes pasan parte de su día tras el volante.

Luego de «percatarme» de la situación que se produce en la mencionada curva, he cambiado mi rutina de observar a las personas y edificios en mi camino a la redacción del periódico, y ahora me dedico a mirar los automóviles desde mi P-2. ¡Y cuántas imprudencias observo a diario! Cruzan la línea amarilla continua en su afán por adelantar a otros, se «llevan» la luz roja del semáforo, circulan a velocidades mayores que las permitidas, adelantan por la derecha —en especial los motociclistas en los semáforos—, no respetan las señales de Pare, y muchas más en una lista que se antoja interminable.

Con el perdón de los choferes, ¿será que los polémicos 36 puntos de la licencia de conducción son demasiados? Les pido no frunzan el ceño, pues existen varios países donde se acumulan solo 12 unidades antes de quedar «a pie».

Desde hace casi un lustro este sistema apareció en nuestro país con el objetivo de poner presión a los conductores para que extremaran sus medidas de seguridad al conducir. Sin embargo, la curva de Santa María del Rosario es un vivo ejemplo de que todavía existen muchos que pretenden «campear por su respeto» sobre ruedas, y a esos hay que ponerles coto con urgencia, pues hay muchas vidas en juego.

 

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