16 °C Dick Cheney ha mostrado ser un implacable cancerbero de sus tenebrosas políticas. Le ha disparado con todo y por todos los medios a cualquier intento de cuestionar lo que hizo la administración Bush en la llamada «guerra contra el terrorismo», de la que fue principal estratega. Barack Obama ha sufrido más de una vez el verbo ríspido del Darth Vader* del ejecutivo anterior.
Ahora se apresta a ajustar cuentas con su ex jefe, George W. Bush, en las memorias que está escribiendo para ser publicadas en el 2011. Según The Washington Post, el considerado como el Vicepresidente más influyente en la historia de Estados Unidos, reflejará en su libro el mal sabor de boca que le dejó Bush al final de su presidencia.
Cheney argumenta que durante su segundo mandato Bush rompió la gran sintonía política entre ambos. Según confesó a sus colaboradores, sintió frustración porque Bush se ablandó ante las críticas generadas por sus decisiones, lo que consideró una «debilidad moral». Para él era muy claro que no hacían falta explicaciones o disculpas.
El viejo Dick dice estar convencido de que sus acciones salvaron a Estados Unidos. Todo un mesías.
Tras años de alabanzas a su compinche, el ex vice valora ahora que W. Bush terminó siendo un político ordinario en lugar de un estadista (¿y quién no lo sabía?). El memorial de agravios contra la actuación del anterior inquilino de la Casa Blanca incluiría su decisión de abandonar los ahogamientos simulados para interrogar a extranjeros «sospechosos de terrorismo», el supuesto cierre de las prisiones secretas de la CIA, solicitar la aprobación del Congreso para el espionaje doméstico y algunos «gestos diplomáticos» hacia Irán y Corea del Norte, en lugar de buscar un «cambio de régimen» como en Iraq. Tampoco le perdona al ex presidente que no haya firmado el indulto para su ex consejero I. Lewis «Scooter» Libby.
Pero su encono va más allá de Bush y también acusa de deslealtad a importantes miembros de su gobierno, como el ex Secretario del Tesoro Paul O’Neill y el ex portavoz de la Casa Blanca Scott McClellan, a quienes catalogó como intolerables, por sus críticas a determinadas medidas adoptadas durante los ocho años de reinado de Bush.
Cual perro rabioso, Cheney anda lanzando dentelladas a diestra y siniestra. Veremos quién será la próxima víctima de sus furibundos ataques.
Pero, por más que ladre furibundamente, nada lo salvará de la mayoritaria repulsa internacional a sus guerras, torturas, amenazas y prepotencias.
*Darth Vader: Siniestro personaje de la saga de La Guerra de las Galaxias.
Un saludo revolucionario,desde una tierra hermana...Como revolucionario y antimperialista,me dirijo a usted,ya que es la persona,referencia,de por su imagen-emblema en "las mesas redondas",que seguimos por estos lares,y que son herramientas dialecticas por excelencia,para la INFORMACION del pueblo.Siempre me pregunte,como llegar a ud,asi como tambien,a otro locutor cubano de TELESUR(de apellido SEGURA),por compartir,"una observacion",que ojala,sea apreciada como critica constructiva.No es en el contenido,pero si en la forma de trasmitir el mensaje,pues unido,a los vicios de diccion,inherentes a ciertos usos linguisticos,LAS MULETILLAS(ah,eh,etc)los hacen,dificiles de escuchar,ademas,es notorio,la ROBOTIZACION,del tono,que no muestra dominio de los temas,ni gran fluidez de vocabulario,(esto mas evidente,en el sr SEGURA de TELESUR.Una de las aristas de mi pequena colaboracion,a la revolucion panamericana,es diseminar la informacion objetiva,pero desgraciadamente,aun hay que lidiar con personas,trasculturadas y otras que "COMPRAN",no solo el mensaje,sino,el mensajero.Espero,su comprension.Saludos y longevidad.
Brillante y sin desperdicios el artículo de Randy. Quienes solemos seguirle por televisión en "Mesa Redonda" hoy debemos admirar que escribe y analiza muy bien la situación internacional. Busch y Cheney se mancharon las manos de sangre desde el primer momento. La actitud de ambos no era novedad para nadie si tenemos en cuenta sus orígenes: Busch, hijo de un ex jefe de la CIA, y Cheney, uno de los capos de la CIA, en que la tortura, la mentira, las desapariciones, los golpes de estado y el asesinato son rutina. Sólo que esta vez tuvieron que hacerlo ellos mismos, con sus propios hombres y sus propias manos, no utilizando a terceros como en su momento hicieron en Argentina, Chile, Uruguay,Paraguay, Nicaragua, Honduras, El Salvador y tantos otros países.