¿Los mismos concertistas?

Autor:

Luis Luque Álvarez

Este domingo, 62 millones de alemanes podrán acudir a las urnas para decidir quién los gobernará durante los próximos cuatro años. Aunque para ser más exacto, sería mejor decir «quiénes», porque en la mayor economía europea el poder suele ser cosa de una alianza de partidos.

Desde 2005, el concierto ha sido ejecutado por una Gran Coalición entre los dos mayores: la Unión Cristiano-Demócrata (CDU, conservadora) y el Partido Socialdemócrata (SPD), con la batuta en manos de la canciller federal Ángela Merkel (CDU), mientras el ministro de Exteriores, Frank Walter Steinmeier, del SPD, ha sido el primer violín.

Los aplausos, en lo fundamental, han sido para la directora de orquesta, a quien se le elogia que el país de Beethoven no haya bailado con la más fea durante la crisis, pese al parón en las exportaciones (pilar de la economía), sino que evitó un alza del desempleo gracias a acuerdos con los empresarios, quienes rebajaban las horas laborales, no despedían, y Berlín pagaba el resto.

Los socialdemócratas, entretanto, han estado en segundo plano, lastrados por la huella del ex canciller federal Gehrard Schroeder, quien durante su gobierno (1998-2005) hizo recortes en el bienestar social en pos de la competitividad y dejó cinco millones de desocupados. Ese recuerdo, obviamente, pesa, y se suma a lo que los expertos en imagen llaman la «falta de carisma» de Steinmeier.

Él y la Merkel «debatieron» días atrás en TV para llevar agua a sus respectivos molinos. Único problemita: ¿qué posiciones realmente contrarias podían exhibir, si se han sentado juntos cuatro años? Steinmeier habló de implantar un salario mínimo y de cumplir con el cierre de las centrales nucleares en 2021. Lo primero no le hace gracia a ella, y en lo segundo, le gustaría alargar el plazo. En el resto, coincidencia total, incluida la permanencia de militares alemanes en Afganistán hasta que la rana críe pelos, y la cantinela de que es hora de regular los mercados financieros y aplicar la ética en el tema. Algo muy cierto, solo que «es hora» ¡hace mucho tiempo…!

El resultado de este «choque» televisivo fue que el titular de Exteriores ganó algo más en simpatías, si bien no tantas como para desbancar a Merkel en los sondeos: 29 frente a 46 por ciento. De esto, y de que las simpatías hacia sus respectivas formaciones se comportan como las de sus líderes, se saca que ni el SPD ni la CDU podrán gobernar con mayorías sólidas, y deberán enamorar a otros para formar alianzas en el Bundestag (Parlamento).

Al menos una ya quedó descartada: la del SPD con los Verdes y el Partido Liberal Demócrata (FDP,  amigo de las rebajas de impuestos y «paladín» de las libertades civiles). No va, y ello porque el FDP solo espera ir a la Cancillería en brazos de la CDU. De todos modos, los ecologistas tampoco deseaban la compañía de los liberales, opuestos al cierre de las plantas nucleares. Así que, «¡vayan bien, y abur!».

La CDU también estaría encantada de enyuntarse con el FDP,  pero parece que no ganarán suficientes escaños para hacer frente a la oposición resultante. Además, los sindicatos, a los que Merkel intentó endulzar durante cuatro años, tienen a la coalición CDU-FDP como «la peor de todas». No es para menos, pues el líder liberal, Guido Westerwelle, llegó a decir que los sindicatos eran «la verdadera plaga de Alemania». No se ha hecho querer, la verdad…

¿Qué iría quedando? Una coalición entre el SPD, los Verdes y La Izquierda. Pero los socialdemócratas no quieren que les toquen esa tecla, pues su «modernización» centrista no «cuadra» con los preceptos socialmente más radicales de La Izquierda, integrada por ex comunistas de la República Democrática Alemana y ex militantes del SPD, hartos de su deriva neoliberal. En los estados federados sí pueden entrar en pactos, pero ¡es tabú hacerlo en el Bundestag!

Desestimados todos estos cocteles, ¿qué viene quedando? Le pregunté por correo electrónico al diputado socialdemócrata Lothar Mark, quien recalcó la imposibilidad de una alianza con La Izquierda. «Pienso que Steinmeier ganó mucho apoyo tras el duelo televisivo con Merkel, y no estoy convencido de si habrá un equipo CDU-FDP. Por ello, no es impensable que tengamos nuevamente una Gran Coalición».

Un cubano diría: «Después de tanto nadar…». En fin, otro concierto está por comenzar. Y atención: la directora y los ejecutantes pueden volver a ser los mismos…

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