De terrorista a militante anticubano

Autor:

Lázaro Fariñas

En programas de radio en los que participé aquí en Miami mientras se llevaba a cabo el juicio a los Cinco, argumentaba que, según lo que estaba ocurriendo en la corte, todo iba a terminar con los acusados libres y los testigos acusadores presos. No era yo solamente el que me daba cuenta de lo que estaba pasando en aquel juicio, sino que los mismos testigos que estaban compareciendo ante el tribunal se estaban quejando de que tal parecía que ellos eran los acusados.

Cuando vinieron las sentencias, hasta los más recalcitrantes de la fauna ultraconservadora del Miami cubano se sorprendieron de lo severas que habían sido. Por las evidencias presentadas, era para que la jueza les hubiese dado las gracias a los Cinco y los hubiera puesto en libertad.

Ahora, esa misma jueza se volvió a burlar de la justicia cuando no le quedó más remedio que acatar una orden del Tribunal de Apelaciones de Atlanta y resentenciar a Antonio Guerrero. La señora se fue por encima de las recomendaciones del fiscal y le impuso al acusado dos años más de lo que este pedía.

Saco a colación lo de Antonio Guerrero porque solamente unos días después de su resentencia el Gobierno norteamericano nos manda para Miami, en libertad, a Santiago Álvarez Magriñat, no encadenado como vino Antonio Guerrero.

A Álvarez, que durante años fue cómplice y financista de las acciones del «Bambi» Posada, lo encontraron culpable en 2005 por posesión de un arsenal de armas, además de una enorme cantidad de explosivos, fósforo vivo, granadas, etc., por lo que le fueron impuestos cuatro años de prisión.

Ah, pero Álvarez dijo la palabra mágica para que fueran tan benignos con él. Todo eso que le habían ocupado, «lo tenía para liberar a Cuba». Con eso, se transformó de terrorista en «militante anticubano». Y eso es muy importante en los tribunales norteamericanos ya que, si es para ser usado contra Cuba, el C4 deja de ser un explosivo y se convierte en gelatina comestible.

Las cosas no se quedaron ahí. Álvarez se dio cuenta de que podía recortar su sentencia y le entregó en 2007 al FBI un alijo de ametralladoras, lanzagranadas, más explosivos, más granadas, etc. ¿Y qué hizo la justicia norteamericana? Pues, como un premio, le rebajaron aún más la sentencia que le habían impuesto. El hombre cumple su sentencia rebajada y es vuelto a encausar y condenado a una leve condena porque se negó a testificar ante un jurado de instrucción que investigaba la entrada ilegal de Luis Posada Carriles en Estados Unidos.

Es decir, que a Santiago Álvarez lo capturan con armas y explosivos, entrega más armas y explosivos y después se da el gusto de negarse a declarar ante un jurado de instrucción, y tras unos pocos años de prisión está libre en la calle, mientras los cinco cubanos, por buscar información para combatir el terrorismo contra su país, yacen en las cárceles con larguísimas condenas. ¿Qué clase de justicia es esa?

El Servicio de Inmigración y Naturalización tuvo un tiempo al «militante anticubano» bajo su custodia hasta que ahora, que se cansó de tenerlo allí, nos lo mandó para acá para que siga conspirando con sus amistades y disfrute los aires de libertad que les niegan a los Cinco, injustamente presos en este país por defender a su patria de gente como Santiago Álvarez. (Fragmentos)

*Periodista cubano radicado en Miami.

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