¿Hombre o «penco»?

Autor:

Roberto Díaz Martorell

Un señor me pidió ayer, en la calle, que le permitiera usar mi fosforera para encender su cigarro, al tiempo que maldecía por no haber encontrado en varias cuadras a la redonda a persona alguna que pudiera ayudarlo en su propósito. «Este es un pueblo sano», dijo.

Solícito accedí. Cuando aspiró el humo con verdadero placer me miró y comentó: «Y nosotros, ¿nos llamamos hombres? Lo que somos es unos “pencos” por no tener el valor y la voluntad para dejar este vicio», y salió caminando contento de andar quemando su vida.

Automáticamente y sin que él lo notase, arrojé mi cigarro como quien no quiere estar en esa categoría y fui a casa donde, ni corto ni perezoso, busqué información sobre el hábito de fumar y el daño que ocasiona a la salud.

Descubrí —a los que fumamos nos cuesta hablar del tema, de ahí el «descubrimiento»—, que un elevado porcentaje de personas que fallecen de cáncer de pulmón y de otros tipos es por esa causa. Fumar produce además afecciones en las vías respiratorias, mancha los dientes y produce mal aliento, entre otros riesgos como cardiopatías e hipertensión.

Mientras me adentraba en la lectura más me impresionaban los datos. En Estados Unidos, por citar un ejemplo tomado de Internet, un altísimo porcentaje de muertes está certificada por cáncer de pulmón y algunas fuentes incluso aseguran que el cigarro está detrás del 87 por ciento de ellas.

Un despacho de la AIN publicado a mediados de 2008 precisa que en Cuba fallecían entonces más de 19 000 personas aquejadas de cáncer y cada año se detectaban unos 29 000 nuevos casos, y que de aquellas muertes alrededor de 4 500 correspondían a cáncer de pulmón, en gran parte atribuible al hábito de fumar. Un reportaje publicado en este diario (Cáncer, la noticia más temida, colectivo de autores, 1ro. de agosto de 2009) indica que las cosas irán peor, pues autoridades de salud entrevistadas afirmaron que más de 21 200 compatriotas habían fallecido de cáncer en el 2008. ¿Se incrementará también el número de pacientes de cáncer de pulmón ligado al tabaquismo?

Como si no fuera poco, este hábito va asociado con padecimientos del riñón, el páncreas, el cuello uterino, el estómago y algunos tipos de leucemia.

En conclusión, no existe una manera segura de usar tabaco. Kike Giles, en su blog Publicalpha.com, comparte con sus lectores varios consejos para dejar de fumar. En primer lugar figura la toma de conciencia para un cambio de actitud, y luego se citan disponer de un buen programa para ocupar el tiempo, hacer ejercicios y superar el impulso de llevar el cigarro a la boca.

Estudios recientes en Cuba reflejan que a pesar de los constantes mensajes educativos en aras de disminuir este hábito, un alto porcentaje de fumadores se corresponde con personas mayores de 15 años de edad, aunque también existen adolescentes que incorporan nicotina a su organismo.

La nicotina es un veneno que cuando se inhala hace que el fumador se sienta motivado. Más adelante el proceso se invierte al producir efectos de calma y relajamiento. Sin embargo, no es ese el componente que mata.

Usted se asombraría —como lo hice yo— al conocer cuáles son las sustancias químicas que acompañan al «necesario y relajante humo del cigarro», que aquí menciono para «atemorizarlos»: cianuro, benceno, formaldehído, metanol (alcohol metílico, también conocido como alcohol de madera), acetileno (el combustible utilizado en las antorchas para soldar) y amoniaco, además de gases venenosos como el óxido de nitrógeno y el monóxido de carbono.

Hoy es un buen día para dejar de fumar, sobre todo por el riesgo que se corre de contraer enfermedades respiratorias en momentos que la influenza A (H1N1) está al acecho. Si no puede, acuda a los especialistas, ellos pueden auxiliarlo a través de sesiones de psicoterapia.

Dejarlo no es fácil… dígamelo a mí, que todos los días siento la acusadora mirada de mi esposa clamando por un poco de aire puro para no enfermarse.

Reconozco que por la salud de cada uno de nosotros y de quienes nos rodean vale la pena intentarlo. Coff… coff… Disculpen, voy a apagar este cigarro para enviar estas notas a la redacción.

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