Un popurrí para Barbarito

Autor:

Juan Morales Agüero

La sobria tesitura de su voz no construye su linaje entre los pétalos fragantes de una rosa de Francia*. Irrumpe, afinada y limpia, de el arroyo que murmura allá en la distancia, junto al palmar del bajío, mientras desgrana compases de alto vuelo como el arrullo de palmas.

En tanto rompen los acordes, un dulce embeleso alucina la mirada. Es que cuando Barbarito canta, su voz emerge como de entre espumas para emular en pureza con una perla marina. Así de sobrio es el estilo de este gigante, timbre y paradigma de nuestro baile nacional.

Con su sello personalísimo, el danzón deviene capullo de alelí para el amor. Habría que tener alma de roca para no rendirse a tan sublime ensoñación. Es que mientras existan Barbaritos rompiendo la rutina habrá gente negada a aceptar que ausencia quiere decir olvido.

Para que la oigas, Barbarito, Cuba celebra este 4 de diciembre tu centenario. Lo festejan especialmente en Manatí, tu querido Manatí. De allá partiste a conquistar el alma cubana con una rosa roja prendida en el ojal y un par de lágrimas negras de tus ojos.

Tu pueblo nunca te olvidará, Príncipe del Danzón. Aunque quiera olvidarte, ha de ser imposible. Así ocurre cuando se quiere de veras. Tu nombre no solo está grabado en el tronco de un árbol. Los cubanos también lo llevamos en el pentagrama de nuestros corazones.

*En negritas, títulos o fragmentos de canciones que Barbarito inmortalizó.

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