Un collar diferente: un día especial

Autor:

Nyliam Vázquez García

Diciembre, 10. Día de los Derechos Humanos dedicado a la no discriminación. Hora de vestirse para desandar la jornada. El detenimiento en un ritual cotidiano asalta. Pensar en ello es elegir.

Verde, naranja, violeta, rosado… las cuentas del collar son todas diferentes. Imagino a la artesana hilvanándolas al azar. Mezcla, contraste, convivencia urgente y necesaria. El conjunto destaca por los muchos colores que parecieran no tener nada que ver entre sí. Pero no es cierto. Decenas de veces ha viajado de la cajita al cuello sin convencer. No pega con nada y, a la vez, podría encajar con todo.

Si, como las cuentas de un collar sui géneris, los seres humanos lograran alguna vez obviar los recelos y vivir en paz... No es casual que este 2009, cuando se cumplen 59 años de que la Asamblea General de la ONU invitara a sus Estados miembros a dedicarle esta jornada a los Derechos Humanos, la no discriminación sea el tema central en cada acto de recordación que recorre el planeta.

La discriminación, la exclusión, son padecimientos de millones de seres humanos en este minuto por las causas más disímiles —inventos macabros de nuestra especie—, sin que importen sexo, color, preferencia sexual, nivel de vida, ingresos, procedencia, gustos y un largo etcétera que duele. Lo cierto es que ni la civilización, ni los adelantos tecnológicos, ni el «desarrollo» han logrado borrar ese estigma. Lo diferente supone blanco fácil. Sin embargo: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros», expresa el Artículo uno de la Declaración de los Derechos Humanos.

Este material de contenido imprescindible, nacido en 1948, también un 10 de diciembre y en la ONU, no ha dejado de ser guía para la libertad, justicia y paz en el mundo. A la vez, ha sido usado, zarandeado una y otra vez, ensalzado como paladín de los más oscuros intereses. Hoy «los derechos humanos» son la frase preferida de quienes se hacen llamar sus defensores a ultranza, pero cuyo accionar diario los desmiente. Sobran los ejemplos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un texto justo, necesario. Así que llama la atención el modo en que llegan a tergiversarse sus preceptos. Incluso, bajo interpretaciones aparentemente loables pueden llegar a ser un fardo para la doble moral, engaño para tanto incauto...

La jornada merece que hagamos una parada. Leo, comparto las palabras de Navi Pillay, alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos: «La discriminación es la causa principal de muchos de los problemas más apremiantes en materia de derechos humanos». Por eso es prioridad.

El ejercicio de los derechos del hombre, en el ámbito social, económico, cultural, así como los derechos civiles y políticos queda truncado cuando se excluye, cuando se discrimina. Vidas, familias, historias con nombres, edades, sexos, preferencias sexuales, colores diversos, que pueden ser las mismas —a pesar de las distancias— en los cinco continentes, en las ricas naciones del Primer Mundo, en las pobres del cuarto o el quinto… Están ahí, aunque los poderosos volteen la mirada.

Hoy el ejercicio de introspección debiera ser colectivo, más bien unánime. Aun así, los cubanos tenemos sobre el tema las mismas preocupaciones, pero una perspectiva distinta. Nuestra visión desde la experiencia de la Revolución y sus desvelos por el respeto al hombre como centro de transformaciones, aunque no nos exime de la marcha y el mejoramiento, sí nos coloca en una dimensión privilegiada. Como quiera, no hay descanso.

Las cuentas verdes, naranjas, violetas, rosadas, apretadas y unidas, las manos de aquella artesana incansable devuelven, al final, la imagen del largo collar colorido y diferente. Venzo reticencias. Me gusta. Se queda este 10 de diciembre.

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