Zigzag entre antiguos recelos

Autor:

Nyliam Vázquez García

La nueva ronda de negociaciones entre la República Popular China y la isla de Taiwán (esa otra parte de su territorio), cerró este 2009 el ciclo de 365 días en que ambas partes han apostado por el entendimiento, la cooperación y la paz. No pocos obstáculos y desconfianzas han debido sortear a lo largo de este período. Sin embargo, los avances son innegables. El pueblo, el mismo más allá de la franja de mar, cuenta beneficios.

Con la disminución de tensiones y el diálogo serio, quienes viven lo mismo en territorio continental que en la isla, de seguro respirarán aliviados. Los puentes se ensanchan y se abren posibilidades que, tras seis décadas de hostilidades, proponen cambios mutuamente provechosos. Atrás han ido quedando las diferencias irreconciliables que marcaron la huida de los nacionalistas chinos de Chiang Kai-shek a Taiwán, luego de la proclamación de la República Popular China en 1949.

Como resultado de esta reunión —la cuarta desde que se reanudaron los encuentros en 2008, luego de una suspensión de 10 años— los representantes de ambas partes firmaron tres acuerdos referidos a la cooperación pesquera, inspección y cuarentena de productos agrícolas, y la colaboración en estándares, metrología e inspección. En las anteriores tres rondas de intercambio, se lograron nueve acuerdos sobre transporte, comercio, turismo, finanzas y lucha contra el crimen, entre otros. Las más recientes conversaciones se confirman como un nuevo paso en el camino de la interrelación económica, que en tiempos de crisis, es bienvenido para unos y otros.

En el encuentro intervinieron nuevamente la Asociación de Relaciones entre Ambos Lados del Estrecho de Taiwán (ARAST, entidad representante de tierra firme) y la Fundación para el Intercambio a través del Estrecho de Taiwán (SEF), por parte de la isla. Ambas instituciones, encargadas y autorizadas para incentivar el diálogo, fueron creadas a principio de la década del 90 y han demostrado potencialidades de su funcionamiento a lo largo de estos años. Ahora buscan de conjunto soluciones e intentan limar asperezas.

Aunque los grandes medios de comunicación dedicaron sus espacios a reseñar las protestas de taiwaneses secesionistas en las afueras del hotel, donde conversaban los representantes de cada parte, el encuentro se desarrolló sin mayores contratiempos. Los acuerdos resultantes dan fe del entendimiento y abren puertas para un futuro cercano.

Desde que el actual líder taiwanés, Ma Ying-jeou, del Partido Kuomintang (KMT), llegó al poder en mayo de 2008 y dio un giro radical a la política de antagonismo hacia China, ese ha sido el rumbo de las relaciones. A pesar de los detractores, de quienes ponen zancadillas o azuzan odios externos porque no les conviene la estabilidad en la zona, la distensión gana terreno.

No quiere decir que hayan sido borradas de un plumazo las fricciones que por tantas décadas ha enfrentado a las partes, sino que por primera vez los intereses comunes tomaron el centro de las preocupaciones y dieron paso al diálogo.

Acompañan los esfuerzos que en el plano político buscan la necesaria confianza, los sólidos lazos comerciales que ya comparten China y Taiwán. Beijing es el primer socio comercial de Taipei, proceso que continuará consolidándose, a juzgar no solo por los compromisos, sino por las necesidades mutuas.

Para 2010 los expertos auguran que las autoridades de un lado y otro del Estrecho mantendrán la estrategia actual y buscarán mejorar las perspectivas de este acercamiento. Cuanto se ha logrado muestra un perfil distinto, con cierto aire de prosperidad, frente a lo que ha sido una historia colmada de recelos.

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