Así esperan el Año Nuevo

Autor:

Juan Morales Agüero

El fin de año constituye un acontecimiento trascendental dentro del almanaque y se aguarda en el mundo de maneras muy heterogéneas y curiosas. Todo depende de la cultura, idiosincrasia y fantasía de su gente. Aquí les van algunos botones de muestra.

En Ecuador golpean, insultan e incineran a monigotes de trapo que representan tanto a los personajes más detestables como a los más populares del año en el país. En el inventario figuran no solo políticos, sino también atletas y protagonistas de telenovelas.

En Francia los parisinos van a los Campos Elíseos y al Arco de Triunfo y brindan con champán. A medianoche se besan y abrazan bajo una rama de muérdago y piden a sus íconos buena fortuna.

En Alemania colocan plomo sobre una cuchara y lo calientan. Echan el material derretido en un recipiente con agua fría y, según la forma que tome al endurecerse, interpretan el porvenir. Flores y estrellas, augurios de buena suerte; círculos y coronas, de matrimonio.

En Inglaterra miles de londinenses se acercan al Big Ben para estar cerca del famoso reloj cuando lleguen las 12, entrelazan sus brazos y cantan una antigua canción llamada Auld Lang Syne.

En Dinamarca rompen platos para demostrarles a los seres queridos cuánto los aman. Los fragmentos de los platos se colocan a la puerta de la gente amada en proporción igual a la magnitud del amor.

En México barren bien la casa el 31 por la noche, pues dicen que ayuda a que entre la suerte y haga limpia su entrada. También al anochecer se pasean con una maleta para atraer los viajes.

En Venezuela cenan con hallaca, un plato especial para consumir y regalar. También escriben los deseos en una carta que luego queman para asegurarse de que nadie más pueda leerla.

En China millones de personas organizan fastuosos bailes de dragones con cintas de colores y lanzan al cielo fuegos artificiales y triquitraques para alejar los influjos negativos.

En Japón muchas iglesias tocan 108 campanadas. Cada una hace referencia a un deseo terrenal que hay que mantener alejado. Empiezan el año riendo porque creen que eso reporta fortuna.

En Vietnam las familias suelen plantar un bambú o un árbol similar en el patio y luego lo decoran con campanas, flores y serpentinas rojas para ahuyentar y protegerse de los malos espíritus.

En Tailandia lanzan cubos de agua para atraer las lluvias. También lavan bien las estatuas e imágenes de Buda y liberan definitivamente a los pájaros de sus jaulas o a los peces de sus peceras.

En Brasil encienden velas y echan al mar barquitos cargados de regalos, comida y flores. Si el mar se los lleva con buen viento es un presagio de buena fortuna para el año que comienza.

En España cada persona se come doce uvas,  y todos beben cava, comen turrones y cantan villancicos para que el año entrante les resulte simpático.

En Cuba todos —conocidos y desconocidos— nos abrazamos y nos deseamos felicidad y ventura para la familia entre tragos de ron, lechón asado y música a todo volumen.

En Colombia dan un fuerte portazo para alejar los malos espíritus cuando las campanas de las iglesias anuncian las doce de la noche. Besan primero a una persona del sexo opuesto.

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