23 °C ¿Cuántos, a nuestro alrededor, viven sin ideas? ¿Cuántos andan el mundo por inercia? ¿Y cuántos se contagiaron de un pragmatismo enfermizo, que restringe las funciones esenciales de la sustancia gris?
Tales preguntas pudieran parecer, a estas alturas, piedras dislocadas, lanzadas sin tino y a destiempo. Sin embargo, al responderlas, cualquiera conseguirá aterrizar en las complejidades de una nación colmada de desafíos extraordinarios y que, pese a eso, no renuncia a sus ideas.
Si Cuba está de pie hoy es, precisamente, porque no ha arriado sus mejores estandartes ideológicos, los mismos que estimularon un asalto glorioso en el centenario del Apóstol, los mismos por los que un puñado de hombres multiplicó doctrinas para lograr la utopía del triunfo en un enero de Sol.
Pero no seríamos objetivos si afirmáramos ahora que esas ideas laten en cada compatriota de cualquier edad y profesión, si pensáramos que no es preciso ya seguir batallando por sembrar conciencia en centenares de personas, especialmente en aquellas que sostendrán este proyecto social en el futuro.
Seríamos, también, bastante insensatos al creer que eso que un día llamamos con todo fundamento Batalla de Ideas acabó, porque determinados proyectos concluyeron o se pospusieron por razones de prudencia.
Tal pelea —infinita— debería ser hoy más original que nunca, más inteligente que en cualquier otro tiempo, desprovista de clichés, de frases hechas o de aquel consignismo que en otra época pudo sacudir mentes, pero que ya no persuade ni conquista corazones.
Hace ya 35 años, en uno de sus sabios discursos, Fidel nos alertó que ninguna idea triunfa de la nada, con la facilidad con que se dispara una palabra. «Hay que pensarla bien, hay que predicarla, hay que defenderla, hay que persuadir a mucha gente y entonces al final la idea triunfa», decía.
Y 22 años después, en la clausura del V Congreso del Partido nos subrayó que no basta con el trabajo constante de los medios de comunicación, los mítines políticos, las conferencias o las reuniones. Que se debe trabajar con los ciudadanos en concreto, uno a uno.
Por eso, hoy no podemos persuadir a un escolar con la reiteración ingenua. Siempre existirán argumentos para demostrar la pudrición del sistema capitalista, pero jamás han de ser vanos o ridículos.
La batalla entonces pasa por los terrenos de pupitres y pizarras, por los mismos terrenos en los que cedimos, sin querer, algunos metros y todavía nos quedan miles de kilómetros por recorrer.
La batalla pasa, irremediablemente, por las «realizaciones concretas», de las que habló Fidel. Pasa por la emancipación total de las personas, que no pueden sentirse como marionetas sin espada en ese combate decisivo para la nación y sus gentes.
La batalla se concreta, entre otros, en los predios de la paz, la igualdad y la justicia. Si falla en esos dominios empezaremos a perderla y nosotros queremos, con Martí, ¡ganarla!
Yo vivo en un país capitalista. En reciente visita a Cuba, mi país, pude percatarme de que algunos jóvenes tienen una visión deformada de lo que realmente es el sistema económico capitalista. Ingenuamente algunos trataron de darme "lecciones" de cómo poner aquí un negocio, de cómo puede uno hacerse "rico" en un abrir y cerrar de ojo. Cuán distantes están de la realidad!Por eso creo que es necesario divulgar la realidad concreta de los países capitalistas. Creo que en muchas ocasiones es muy general y poco sustanciosa. Podría poner centenares de ejemplos, pero el espacio no lo permite.Por eso creo que hay que aumentar la eficacia del trabajo ideológico.
Fidel lo dijo en el principio mismo de la Revolución; "de ahora en adelante todo será más difícil" y es cierto: echarse al monte fusil al hombro para cambiar un ominoso "status quo" será siempre una tarea menos complicada que librar esta batalla de cambiar las mentes, establecer nuevos y elevados paradigmas morales, edificando sobre valores. Estoy convencido que el peor aporte y el favor más flaco, lo hacen los dogmas y la inflexibilidad, que en el mejor de los casos ralentiza, mediante el anti-valor de la burocracia y la mediocridad, el impulso de las ideas nuevas, que son también Revolución; todavía hoy, podemos contar con una nueva generación que en su inmensa mayoría reconoce y respalda lo que se ha hecho hasta hoy, eso debemos y tenemos que mejorarlo aún más, no basta decir consignas, para definir la ideología o para mostrar un perfil en el actuar de la cotidaniedad, acorde con lo que se corea a voz en cuello, ahí está Martí diciéndonos cual es la única manera de ser libres, pero la cultura ha de entenderse en su cabal sentido: es sobre todas las cosas, valores espirituales, los que nos definen como nación ante el mundo, a los cuales debemos veneración y respeto, pero para eso hay primero que conocerlos, no desde la anécdota que nos permitirá vencer un grado académico, sino como la raíz imprescindible que nos hará ser mejores en el camino de la vida. Los medios son un arma imprescindible, y estoy seguro de que sobra talento para lograr los objetivos sin copiar maneras de hacer foráneas que poco o nada aportan a nuestra cultura. Los maestros han de ser elvados hasta el más alto lugar, tal y como les corresponde en su labor cotidiana de moldear el futuro de la Patria. salu2
Orestes Peña...sin duda deberia ud vivir en Cuba para aumnetar esa eficacia del trabajo ideologico...Seria una tarea ejemplar y consecuente con lo que dice..Le esperamos.
Muy bonito periodista, muy bonito. Usted podría, para comenzar, denunciar con nombres y apellidos toda la corrupción empresarial que nos afecta y corroe hasta la médula, si lo dejan, claro. Abro todos los días este diario y también otros, con la esperanza de ver un periodismo más objetivo y consecuente y me encuentro este artículo nada original, no más inteligente que los de cualquier otro tiempo, con unos cuántos clichés, frases hechas y un consignismo que no ha sacudido mi mente y mucho menos persuadido ni conquistado mi corazón. Perdóneme si lo ofendo pero es mi opinión y hoy no pude reprimir el deseo de expresársela. Al amigo ORESTES PEÑA, es cierto eso que dices pero sería bueno que hablaran de otros países capitalistas que apenas se mencionan en nuestros medios informativos, porque de EE.UU. ya estamos hartos, por ejemplo: Canadá, Suecia, Suiza, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Finlandia, Noruega. Y después que se diga todo lo malo de esos países, sería justo destapar nuestras fosas y ventilar de paso esta casa nuestra...que falta que le hace. Saludos.