Transnacionales asustadas

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Era de esperarse… Después de más de dos meses con el Presidente internado en una clínica fuera del país, es muy seguro que los conflictos internos de un gigante petrolero se caldeen mucho más, y disparen incluso los precios internacionales del crudo. Es lo que sucede en Nigeria.

La presión política de la oposición cobra fuerza, a lo que se ha sumado una intensa campaña mediática: el miércoles, muchos propietarios de medios de comunicación pidieron en un comunicado la renuncia del mandatario Umaru Yar’Adua en menos de siete días, o que enviara una carta al Parlamento explicando que su estado de salud le impide ejercer plenamente sus funciones, y por tanto estas deben quedar a cargo del vicepresidente Goodluck Jonathan.

El vacío institucional, que ya alcanza 73 días, dispara la violencia en el Delta del Níger —la mayor zona petrolera de esa nación africana—, y crea incertidumbre en los socios internacionales. Nuevamente, el Movimiento de Emancipación del Delta del Níger (MEND) tomó las armas, echando por tierra un alto al fuego adoptado en octubre de 2009. Las conversaciones de paz con el gobierno federal quedaron en el aire una vez que Yar’Adua se enfermó, el pasado 23 de noviembre.

Este grupo armado no estaba muy contento con las negociaciones. Hasta el momento, miles de rebeldes de diversos grupos armados que operan en esa zona se acogieron a la amnistía y al programa de desarme que proponen el pacto, pero algunos de ellos se quejan de que el gobierno federal aún no implementa un programa de capacitación para ayudarlos a cambiar su forma de sustento. La demora, según Abuja, es la carencia de infraestructura.

Hace unos días, el MEND anunció que arremeterá nuevamente contra las transnacionales (Shell, Chevron, entre otras) que operan la industria del crudo y el gas en la zona. ¡Y no es un juego! En los últimos años, los sabotajes en la región han impedido a Nigeria —miembro de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP)— producir por encima de dos tercios de su capacidad, y las pérdidas en ganancias pueden llegar a los 1 000 millones en un año.

Desde ya, potencias extranjeras aguzan la mirada en Nigeria, pues muchos de sus intereses bailan en una cuerda floja. El jueves pasado, la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton; los ministros de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña y Francia, David Miliband y Bernard Kouchner, respectivamente; y Catherine Ashton, una alta representante de la Unión Europea, emitieron un comunicado conjunto sobre la situación en Nigeria. Dejaron bien claro que la estabilidad de esa nación —que además ha comenzado a relacionarse con China— «tiene ramificaciones mucho más allá de sus fronteras».

Por supuesto, se refieren a su seguridad energética, esa a la que tanto subordinan su seguridad nacional. De hecho,  el barril de petróleo alcanzó el lunes los 75 dólares, su precio más alto en 15 meses. Y según los analistas, se debe, entre otros factores a los ataques a un oleoducto operado por Royal Dutch Shell que motivó el cierre de tres estaciones de flujo del crudo en el Delta del Níger.

Hasta el momento, el MEND afirma que no es responsable de este último sabotaje. Pero si cumple con su palabra, la región puede sucumbir nuevamente a la violencia como años atrás, la producción petrolera seguirá recortándose... y entonces, como es de esperarse, otros querrán dar lecciones de gobernabilidad.

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.