Troyanos al acecho

Autor:

Luis Luque Álvarez

Narra Homero que, cuando los troyanos estaban cerca de prenderles fuego a las naves de los griegos, vieron que se les encimaba un guerrero enfundado en la armadura del terrible Aquiles y pusieron el cuerpo a buen recaudo. «¡A correr, que viene quien tú sabes!». Sin embargo, en cuanto se dieron cuenta de que era Patroclo el que vestía todos aquellos andariveles de bronce, volvieron y lo liquidaron.

Hoy también sale la UE, con la palabra como armadura, al «rescate» de los griegos acechados por la especulación financiera. Aunque más bien se podría decir que el verdadero fin es la salud del euro, la moneda única de 16 de los 27 países del bloque. ¿Por qué…?

Pues porque el país de Aristóteles tiene un déficit presupuestario de 12,7 por ciento. Este indicador (lo que gasta el Estado por encima de lo que ingresa) no puede sobrepasar el tres por ciento en la zona euro, ¡y ya se ve por dónde anda Atenas!, que además ha acumulado una deuda pública (los préstamos que particulares u otros Estados le han hecho) del 113 por ciento.

Con este reguero de malos números enfrente, los especuladores bursátiles han estado rebajando la confianza en la moneda única. Por eso, el jueves, los países de la UE, junto con la Comisión Europea, se pararon firmes para asegurar que no se dejará a Grecia a su suerte (o lo que es casi «lo mismo»: que nadie dejará que el euro se vaya por un barranco) y que habrá solidaridad.

¡Es más o menos lo que trató de hacer Patroclo! Pero como nadie dijo qué significaba concretamente «solidaridad», el euro siguió cayendo frente al dólar: el sábado valía 1,362 dólares, frente a 1,369 el jueves. A principios de mes, estaba a 1,400. Los troyanos, se ve, están quemando alegremente las naves de sus adversarios.

Para evitar la catástrofe, Grecia ha prometido hacer la tarea. Con la meta de quitarle cuatro puntos al déficit en este año, decidió congelar los salarios (cuando no recortarlos en un 10 por ciento), aplicar sanciones severas contra los que se hacen los chivos locos para esquivar los impuestos (por ahí se han evaporado 8 500 millones de euros desde octubre pasado, cuando el Partido Socialista volvió al poder), aumentar la edad de la jubilación y equipararla entre hombres y mujeres (¡uf!), poner tasas del 40 por ciento a los ingresos anuales mayores de 60 000 euros (antes era a los de 75 000), y así.

Ante el «paquetico», los trabajadores perciben que ellos bailarán con la más fea, pues a las rentas altas no les perjudica tanto el alza impositiva como a ellos los recortes de sueldo. Ha habido protestas, y las habrá. Un colega del diario catalán La Vanguardia resume el tema acertadamente: «En la pasividad y la falta de medidas contra el neoliberalismo, la especulación y el robo legal practicados por una minoría social, en el mundo, en Europa y, por supuesto, también en Grecia, está la clave de los actuales males, incluidos los del euro. (…) ¿Quién pagará la crisis? Los griegos son los primeros en pasar por caja».

Visto esto, ¿qué le toca a la UE? Bueno, ya mostró que tiene espada, pero no la ha desenvainado. Eso lo hará, presumiblemente, esta semana, cuando los ministros de Economía se reúnan para decidir qué medicina recetar. Según analistas, una solución serían los préstamos bilaterales a Grecia, o asistirla con dineros de un fondo de 50 000 millones de euros, creado por la UE para si algunos de sus miembros, afectados por la crisis, tuvieran necesidad de ellos; o adelantarle parte de los fondos de cohesión, o sea, las sumas que normalmente se entregan a los países menos aventajados para equiparar sus niveles de vida con los de los más ricos.

En fin, ya nos enteraremos de qué maquinará la UE para ahuyentar a los troyanos, aunque algunos ven con resquemor la ayuda a los griegos, pues les parece una invitación a otros a ser desordenados: «A la hora de los mameyes, ¡Europa nos salva!». ¡Claro!, porque si no lo hace, todo el mundo coge su ramalazo.

Y nadie quiere que el fuego llegue hasta su nave…

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