¿Los pétalos de la «suerte»?

Ricardo Ronquillo BelloRicardo Ronquillo Belloronquillo@juventudrebelde.cu
21 de Febrero del 2010 0:37:47 CDT

No se trata de tomar una flor, una tierna rosa roja, y comenzar a arrancarle los pétalos. Y, como algún ingenuo enamorado, iniciar la secuencia: ¿me quiere?... ¿no me quiere?..., para terminar con la hojilla de la suerte. Especie de candorosa ruleta rusa.

Cuba está hoy ante supremas disyuntivas; caminos, vía crucis, encrucijada de destinos. Cómo engarzar el pasado con el futuro, cómo hacer que esa especie de remolino marxista donde el desarrollo debe ocurrir en aparente retroceso, pero hacia formas superiores de organización, no conduzca a una ruptura, que nos cargue nuevamente al pasado, en vez de al porvenir.

Algunos aducen que debemos invocar a Marx. Tal vez sería mejor hacerlo al marxismo. El genio filosófico del socialismo seguramente no tendría respuestas adecuadas para nuestras circunstancias.

Karl concibió el socialismo para un momento en el que vendría a resolver, desde elevadas condiciones de desarrollo, una contradicción esencial: entre el carácter social de la producción y el carácter privado de apropiación. El socialismo llegaba entonces como torrente natural en el camino imperturbable de la historia.

Fidel alertó el 17 de noviembre de 2005 sobre la tendencia que prevaleció por muchos años a creer que alguien sabía o tenía una receta particular para construir el socialismo, algo recordado en fecha reciente por el líder bolivariano Hugo Chávez.

La idea de levantarlo desde los eslabones más débiles de la cadena imperialista, tal como lo vislumbró e intentó consumarlo el genio y el arresto posterior de Vladimir Ilich Lenin, es una asignatura pendiente de la filosofía, y la práctica política y económica del socialismo, como ya punzantemente sabemos.

La actual búsqueda socialista, si nos atuviéramos al dibujo inicial marxista, ocurre casi como un inusitado acelerón histórico. Lo hace en medio de un capitalismo económica y tecnológicamente desafiante, pese al endemismo de sus crisis cíclicas, la amenaza de otras más perdurables y hasta peligrosas para la especie humana, o la existencia de bolsones periféricos de miseria, que dividen al mundo entre una condición de «primeros» y «terceros».

El capitalismo y sus desenfrenos, injusticias y desigualdades, son el mayor peligro para el hombre como criatura terrenal, y para la tierra misma como planeta viviente y habitable, pero la fiebre consumista y los modelos económicos y estilos que el sistema sembró a lo largo de siglos intoxican la existencia de millones de seres humanos, cuya sensibilización es un desafío de magnitudes estelares.

Como alertaron tempranamente muchos visionarios de la revolución mundial —como Rosa Luxemburgo o Ernesto Che Guevara—, frente a semejante modelo, el socialismo, levantado en condiciones permanentes de hostilidad y acoso, no siempre significó una propuesta sugerente.

El mismo Che señalaba que el sometimiento de la participación ciudadana o de la libertad, simiente de este ideal, junto a una desmesurada configuración de los alcances y poderes del Estado en detrimento del individuo y los colectivos, podían conducir no pocas veces a un socialismo económicamente precario y socialmente deficiente, incapaz de establecerse como palpitante alternativa.

No es extraño entonces que cuando intentan buscarse caminos de renovación, no falten quienes se encandilen. «Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo», explicaría el Héroe de la Higuera desde que en fecha temprana escribiera sobre el Socialismo y el hombre en Cuba.

¿Qué es más socialista? Nos preguntábamos recientemente en algún contrapunteo en esta redacción. Y esa debe ser siempre la interrogante que abra camino, como una tijera entre las espinas, hacia la integridad y la plenitud humanas, como el alfa y la omega, el principio y el fin.

A riesgo de construir un retruécano, vale decir que la irracionalidad o el voluntarismo nunca deberían ser considerados socialistas, en la misma proporción que el desentendimiento o el abandono de los seres humanos tampoco lo serían.

Tratemos de hacerlo más entendible y sencillo: el capitalismo inventó, por ejemplo, la «racionalidad» del «tiempo muerto» en la industria azucarera cubana. El desafío del socialismo no  puede ser regresar a este para ser económicamente eficiente, sino lograr que el tiempo  muerto sea tiempo vivo, ardorosamente vivo. O que todo sea verdaderamente tiempo vivo. Y si es que hay fórmula para alcanzarlo, no debe, en lo absoluto, tener sello particular. Seguramente solo la logran quienes hacen la zafra, para los cuales ese es también su tiempo de vida.

Así que es algo muy serio como apremiante decidir entre los pétalos que debemos dejar o desgajar en la sociedad cubana, para que en vez de marchitar encendamos nuestras rosas.

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    1. 1

      toyo - 21 de Febrero del 2010 7:00:54 CDT

      Pienso que en primer lugar habria que definir que entiende el autor por socialismo.El modelo chino,social democracia,sovietico,etc?.Creo que este ultimo como modelo economico,demostro su fracaso

    2. 2

      Garciela Pena - 21 de Febrero del 2010 15:07:13 CDT

      Estoy adsolutamente de acuerdo con el autor de este escrito.Estoy convencida que la solucion del futuro es un socialismo adaptado,a la situacion que va viviendo el mundo.Un socialismo creciente,innovador,creativo,inteligente.Un socialismo,que oiga,que escuche,sin excederse en los extremos de las cosas,pero que a la vez ande con pasos firmes,objetivos y seguros.Un socialismo,que se alimente todo el tiempo de las malas y buenas experiencias de la vida,mejorando lo bueno,y transformando lo malo en bueno,sin estancamientos,cambiante de acuerdo a su propia conveniencia,pero trabajando sin descuidarse,con cautela;sobre todo sin alejarnos de su principal base socialista.Un socialismo atento a todo lo exterior e interior,siempre captando lo que es bueno para su propio desarrollo,pues a veces hasta de lo que mas se critica se aprende,y trabajando inteligentemente, hasta se puede beneficiar uno mismo.Sin confiar mucho,pero tampoco desconfiando demasiado,sabiendo trabajar sin ir a los extremos,muy,pero de una manera muy astuta e inteligente.

    3. 3

      Roberto Gonzalez - 21 de Febrero del 2010 18:14:30 CDT

      Creo que todas las teorias solo nos han enredado el camino y hacernos temblar ante la palabra "capitalismo". Hay metodos de produccion buenos y malos, hay formas de repartir las ganancias buenas y malas. Hay paises "capitalistas" mucho mas socialistas que lo que fue incluso la URSS. Si se logra el bienestar de una inmensa mayoria de la poblacion en armonia con el ambiente natural que mas da como se llame el sistema. Tambien pienso que ningun paso nos puede llevar al pasado por la sencilla razon de que eso es imposible. Es posible decir que Rusia o Polonia o Alemania ha regresado al pasado? Por supuesto que no, las condiciones son otras Lo peor es estar parado en el lugar viendo pasar el tiempo, tratando de ser consecuente con los "ismos" y pensando que diria Marx si privatisamos el timbiriche de la esquina.

    4. 4

      fllorente_05 - 22 de Febrero del 2010 4:01:23 CDT

      Muy de acuerdo contigo Roberto,en la vida hay que ser realista y no pasionista,ya que la pasion mata y la realidad esta ahi presente,por resolverse,y por consecuencia hay que darle el pecho,el problema esta en hacer las cosas bien...algo que no se lleva mucho a la practica....

    5. 5

      Emiliano - 22 de Febrero del 2010 7:56:24 CDT

      Esta ud. en lo cierto Sr. Roberto, las conveniencias politicas eventuales han hecho etiquetar sistemas que le han costado un alto precio a mas de siete u ocho generaciones. Si no dejamos los miedos entonces al verdadero capitalismo feroz y deshumanizado le quedar án otros 500 años y más,y más

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