El socio

Luis Raúl Vázquez MuñozLuis Raúl Vázquez Muñozdigital@juventudrebelde.cu
28 de Febrero del 2010 0:26:15 CDT

Jorge Luis Borges, el polémico y genial escritor argentino, se emparentaba con el griego Platón. «Nos rodean de espejos», decía Borges. Espejos que devuelven la realidad deseada, no la verdadera. Y algo parecido afirmaba Platón con su mito de la caverna. Allí los hombres permanecían atados entre sí, mientras confundían lo existente con sus propias sombras.

En las relaciones del poder muchas veces aparece esta forma de enclaustramiento. Un jefe que dibuja de modo exclusivo su realidad y así conduce a los subordinados. La cuestión se encuentra en lo cercano de esa verdad al sentimiento y aspiraciones del colectivo, y a la humildad, la ética y al sentido de la justicia con que se actúe.

Porque también se encuentra el caso contrario. El del jefe que crea un mundo a su antojo y soberbia, y se encierra en una verdad, no la existente sino la que él desea percibir.

En los dos casos —pero sobre todo en el último— existe un tipo sugerente. En Cuba lo llaman el socio. Este es un personajillo que nunca irá en contra de la jerarquía. En todo momento dirá «sí, jefe» o irá a la contraria con delicadeza cuando la oportunidad lo permita a sus intereses, siempre en perpetua sumisión.

A diferencia del puro adulador, entre el jefe y el socio existe una relación de compadreo, propia de la falsa amistad. Son cómplices, en esencia, y ambos se necesitan. No es extraño apreciar cómo un directivo inicia funciones en una empresa con deseos de lograr un cambio, para terminar con el prestigio perdido y los indicadores de funcionamiento de la entidad en plena caída.

Con los años, los observadores habrán notado el surgimiento de innumerables socios en busca de prebendas. Ellos tantearon al superior, conocieron de sus gustos y debilidades, cultivaron su megalomanía y poco a poco construyeron la realidad que él deseaba ver. Lo hicieron sentirse hábil, competente y hasta poderoso para después echarlo al olvido cuando apareció la caída.

Lo interesante es que el socio florece en detrimento de individuos que plantean los problemas con valentía y bajo el ánimo de encontrar soluciones, y a cambio reciben ataques y la coletilla de «atravesado» a modo de escarnio. También la germinación del compadreo ocurre en medio de instituciones que deben desempeñar su papel de contraparte, y en consecuencia se convirtieron en poleas transmisoras de la jerarquía.

Cierto es que las dificultades económicas provocaron una cotidianidad convulsa en la mayoría de los cubanos. Ello, junto a la apatía y los obligados proyectos de sobrevivencia personal, entre otras causas, abrieron el espacio para que se dañara la institucionalidad y se extendieran formas para acomodar al poder. El yo me callo para evitar problemas, de una actitud de relativa prudencia pasó a ser una norma constante en lugares donde el sociolismo y los excesos jerárquicos hacen de las suyas con mayor o menor sutileza, según sean los casos.

Llama la atención que esas deformaciones despierten un rechazo a partir de una ética surgida desde el centro mismo de la idiosincrasia del cubano y los principios de la Revolución. Los últimos 50 años en Cuba son también, además de un ejemplo, un estímulo constante contra la genuflexión.

Por ello uno de los tantos nudos a desatar en esa maraña de entuertos, heredada de la crisis de la década de los 90 del pasado siglo, es ese desbordamiento de jerarquías en detrimento de la participación de los trabajadores y la población en el destino de las entidades y la sociedad en general.

Porque en lado opuesto de los abusos de poder y la protección al supuesto amigo, han estado las acciones de personas honestas en cargos de dirección, que no han temido escuchar la crítica y reconocer los errores delante de sus subordinados.

Son hombres y mujeres negados a vivir en los espejos y sombras que proyectan los socios en los empeños por ahuyentar la realidad y cultivar sus estatus. Allí, en esos lugares, más que amigos ha germinado una poesía sintetizada en una palabra. La de compañero. No podía ser otra. Era la que usaba el Che.

envíe su comentario

  • Normas
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio
    1. 1

      Jose Luis - 28 de Febrero del 2010 5:41:28 CDT

      Todo lo que plantea es muy cierto pero no puede ser de otro modo,veamos:La mayoria de los cargos de toda indole se reparte por amistad o fidelidad y no por talento y capacidad,como debia ser.El obrero o empleado,si no es "socio" del jefe,no solo es presionado por la administracion,tambien lo es por quien debia defenderlo:El sindicato,asi que no le queda de otra que entar en el "sociolismo"

    2. 2

      Unknown - 28 de Febrero del 2010 8:51:37 CDT

      Simplemente genial... y cotidiano... en el lugar donde presto servicios hay uno en particular que para qué contarte. Lo mejor del caso es la facilidad con que proclama su desconocimiento a los 4 vientos, como si eso lo eximiera de alguna forma de responsabilidades. Y la parte que duele es que es "socio" en una institución ESTATAL (como casi todos los "socios"). Huelgan los comentarios luego de su excelente artículo. Sólo queda esperar, como dice Buena fé, a que mañana veamos nacimientos... Saludos

    3. 3

      senen Reina - 28 de Febrero del 2010 12:25:59 CDT

      Está muy bueno el análisis y es una realidad lo que se plantea, pero en osaciones esos jefes que yo diria que forman parte de un equipo o del sistema son como corchos, salen de un lugar y reaparecen por el otro y están los otros que teniendo la capacidad y el conocimiento no son aceptados.

    4. 4

      Gualterio Nunez Estrada - 28 de Febrero del 2010 21:28:58 CDT

      Como catolico cubano les digo: "jovenes, carguen con la cruz que es el deber hacia la patria, nuestro vino es agrio, pero es nuestro vino y como dijo Antonio Maceo: "la queja corrompe el caracter", no podemos aguantar lagrimas sin buscar soluciones inmediatas a los problemas, practicas, en el terreno donde se producen,estamos en una situacion que no admite otra solucion que el desarrollo de la sociedad cubana manteniendo las conquistas sociales de la Revolucion con inteligencia.Fuera de Cuba jamas van a encontrar en ninguna otra parte del mundo, aunque se rodeen de bienes materiales, la magia de Cuba, su tesoros culturales, naturales y sociales. Han de pensar siempre que el espiritu domina la materia y por el espiritu de fe en su cultura e identidad han de obrar sin una sombra de duda pero con conciencia propia.

      del autor

      en esta sección