Habladores

Nelson García SantosNelson García Santosdigital@juventudrebelde.cu
8 de Marzo del 2010 22:55:24 CDT

Uno de los grandes filósofos de la humanidad dijo, más o menos, que si el hombre pensara no hablaría, para connotar cómo el razonamiento debe preceder a lo que se va a expresar y, de este modo, la sensatez evitaría tantísimas boberías que escuchamos lo mismo a pleno sol que bajo techo.

Desconocen la clásica frase los tiradores de esa palabrería hueca y repetitiva que nada aporta, a no ser el bostezo y la sonrisa abierta o solapada, según el parlante y las circunstancias.

Son personajes a los que les encanta hablar por hablar. Y los hay de varios tipos. Están, en primer lugar, quienes prefieren la muerte a «irse en blanco», sin decir nada, en una asamblea, reunión o una simple tertulia en cualquier esquina. No hay quien los pare. Muchos utilizan, invariablemente, la muletilla de «bien señores, como les decía…». Y allá va una sarta de palabras conocidas hasta la saciedad.

El «traductor» resulta uno de los personajes más pintorescos. Se autoconsidera como «un bicho» en el sentido popular de la expresión, cuando realmente lo es pero en las otras acepciones del vocablo.

Casi siempre deja pasar dos o tres intervenciones antes de levantar el brazo. Entonces, ante el asombro general, sin sonrojarse siquiera, repite lo mismito que dijo quien le precedió en el uso de la palabra. Hace énfasis para destacar que el compañero quiso decir tal o más cual cosa, como si el auditorio fuera analfabeto o aquel hubiera hablado en chino.

Los hay también que se apropian de lo ajeno para esgrimirlo como propio. Y repiten, repiten y repiten conceptos sobre determinado asunto y sus causas y efectos, que todo el mundo conoce al dedillo.

El hablador extremista resulta otra especie de anjá. ¿Cuándo se extinguirá? Ve sombras por todas partes y se parapeta en posiciones retrógradas. Discrepa en lo que sabe más lo que imagina, y en esto se le va la mano. Hace daño —cómo no— a pesar de que la historia y sus protagonistas célebres los calificaron hace muchísimos años con un calificativo lapidario: oportunistas.

Y qué decir del disertante cauteloso, primo hermano del extremista, en su misma sintonía, pero diferente de aquel en que jamás asume una posición radical, sino que está arraigado en los conceptos preestablecidos. Detesta alinearse con lo que implica una nueva idea o significa un cambio mientras carezca de aval. Son, por esencia, complacientes con los de arriba y con los de abajo, porque temen opinar, decir realmente lo que piensan y sienten.

En el muestrario tampoco podía faltar el que asume los resúmenes, de manera extraoficial, de asambleas, reuniones o tertulias en las que participa. Sin el permiso ni la aprobación de nadie y llegado el momento, agarra el micrófono para esgrimir la frase manida: «Creo que mis compañeros estarán de acuerdo conmigo en que ha sido un excelente encuentro».

Y seguidamente nos espeta un compendio amplio, por supuesto, de casi todo lo expresado, alabando —claro está— los fragmentos dichos, ya usted sabe por quiénes.

¡Cuánto tiempo hacen perder todos estos personajes que, además, disfrutan como nadie de las reuniones! Sin estas se sienten frustrados, aunque le amarguen la existencia a la mayoría, que va al grano y a pecho abierto expone su criterio, sin ningún temor a la discrepancia. En definitiva, la sociedad en sí misma refleja, exactamente, por dónde va la vida real, y no la imaginada.

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    1. 1

      Alfredo Viamonte Marin - 9 de Marzo del 2010 6:34:26 CDT

      Estimado Nelson Un excelente cometario, fotografía exacta de la realidad, donde muchos de esos "clasificados" apenas intentan de forma bien enredada, quedar bien con Dios y con El Diablo. No obstante pienso que, aunque irritantes, ellos se expresan. Como dice la vieja frase: Muchos hablan por experiencia, otros por experiencia no hablan. Justamente de aquellos que no hablan es que nos debemos cuidar, pues ya lo dice el viejo refrán: Perro que ladra no muerde. Recordemos siempre que la diversidad de opiniones y criterios, aun cuando pueda extender el tiempo de una reunión es necesaria, pues solo así se llega al verdadero consenso democrático.

    2. 2

      Modesto Reyes Canto - 9 de Marzo del 2010 8:16:11 CDT

      Nelson:Muy real su articulo.Hace tiempo a lo que usted plantea le deciamos el cottorreo,la muela o el bla bla bla y no relolvia el problema por el que nos habiamos sentado a escuchar y lo mas triste que casi siempre la respuesta ante tanta verborrea era el "The Si lence of the Lambs" por el aquello que uno mu chas veces se autoimponia el que no se le es- capara el pensamiento. Recuerdo una vez que en una de esas reuniones con caracter cultural el orador principal nos disparo un discurso de treinta minutos en La- tin.Los presentes a dicha reunion terminamos yendonos de alli creyendo haber equivocado la direccion y que despistadamente a donde habiamos entrado era a un Iglesia. El "filoso" guapo de mi barrio me dijo una vez:"Yo no escucho a nadie que me diga que dijo fulano o sutano;ese no tiene nada que decir".Saludos: Modesto Reyes Canto.

    3. 3

      Daniel - 9 de Marzo del 2010 8:39:56 CDT

      La democracia le da la libertad a todas las persnas de expresarse libremente, aunque digan tonterias. Ahora bien nadie esta obligado a scucharlos, eso tabien lo garantiza la democracia. Yo vivi muchos anos en Cuba y asisti a infinitas reuniones y consejos de direccion en la Empresa donde tabajaba, por eso me sorprende que digas que hay reuniones done algunos hablan lo que piensan sin importarle que sea discrpando con las ideas centrales bajadas desde arriba. Te digo que me gustaria asistir a alguna de ella, si es que exixen

    4. 4

      Manolo - 9 de Marzo del 2010 12:05:33 CDT

      ¿Y usted en cuál clasifica, porque gastar recursos en este escrito es........?

    5. 5

      fllorente_05 - 9 de Marzo del 2010 19:45:31 CDT

      coincido con Alfredo,y todos sabemos el dano que hace precisamente no hablar,no discrepar de algo que uno considera que es una mala idea,lo que sucede con mas frecuencia es que nadie habla diria yo,porque la apatia en cualquier reunion de trabajo es total,a nadie le interesa ya oir los mismos sermones que al finalno aportan nada,y hay otros que si hablan entonces caen mal a los directivos,pero al final la mejor idea es hablar,el que quiera que oiga y el que no pues que no,para eso es la democracia tan poco aplicada en muchas reuniones....gracias..

    6. 6

      Carlos Alfonso - 1 de Abril del 2010 19:14:13 CDT

      Nelson: espero que esta décima se solidarice con tu opinión: El hablador extremista/ habla y habla por hablar/ sabe adular y donar/ su oratoria oportunista./ Busca ser protagonista/ en congresos, reuniones,/ asambleas, discusiones;/ y eleva su verbo errático,/ impreciso, ruin, lunático,/ sin luz propia, ni razones./

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