Asesina silenciosa

Juan Morales AgüeroJuan Morales Agüerojuan@juventudrebelde.cu
13 de Marzo del 2010 22:44:00 CDT

La pequeña pantalla difunde alguna que otra vez las dimensiones globales del asunto. Un anémico individuo penetra en un baño público, extrae una jeringuilla de uno de sus bolsillos, coloca una dosis de algo, empuja el émbolo, se pincha una vena y luego… ¡a soñar despierto! O si no el sujeto que lía y se lleva a los labios con mano temblorosa un tosco cigarrillo de papel. O el infeliz que aspira frenéticamente cierto polvo de color blanco, pero de entrañas negras...

La droga es un flagelo de instintos asesinos. La humanidad sufre como nunca el corolario de su despiadado azote, con mucha frecuencia mortal. Quienes se dejan querer por sus «encantos» —ricos, pobres, latinos, sajones, blancos, negros, hombres, mujeres… ¡niños!— desconocen, por lo común, que comienzan a caminar por el filo de una navaja. ¡Pobre del que resbale!

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), «droga es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración del sistema nervioso central del individuo y, además, crea dependencia psicológica, física o ambas». Es fácil de discernir: con esta manera artificialmente viciada de cambiar estados de ánimo y conductas ante la vida, los drogadictos firman de puño y letra un pacto con la muerte.

Está suficientemente probado que el consumo de estupefacientes no favorece en lo absoluto la solución de conflictos, independientemente de su naturaleza, sino que los empeora. Tampoco propicia la «liberación» del individuo de la realidad circundante, sino que lo atrapa y encarcela. Mucho menos permite desarrollar la fantasía, lo sume en las tinieblas. Un drogadicto es, en el fondo, un esclavo encadenado a su adicción, un pobre diablo sin iniciativa.

Un saldo triste de la drogadicción es su incidencia en la aparición de dificultades orgánicas, depresión permanente, agresiones físicas, desintegración familiar, accidentes de tránsito y marginalidad. Bajo su influjo, se lastima el tejido social y se deteriora la calidad de vida del individuo. Un narcómano es alguien al que casi todos esquivan y muy pocos tienen en cuenta. Se dice que, por cada adicto, hay al menos tres personas que sufren en sus condiciones de padres, cónyuges, hijos o hermanos. ¡Una tragedia!

El consumo de narcóticos destruye física y moralmente a la persona afectada, que deja de preocuparse por cuanto no tenga relaciones con su adicción. Se convierte en un ermitaño triste y desaliñado. La familia lo desprecia, los amigos lo eluden y la sociedad lo margina. ¿Es esa, acaso, una buena expectativa para un ser humano?

Cuba ofrece a sus ciudadanos amplias posibilidades de realización. Nuestra «adicción» debe ser siempre el trabajo. Este comentario pretende llamar la atención de quienes, en situaciones excepcionales, decidan irresponsablemente caer en brazos de la asesina silenciosa. Siempre habrá tiempo para meditar un paso tan peligroso.

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    1. 1

      n.s.f - 14 de Marzo del 2010 4:41:12 CDT

      Muy justo y necesario su comentario, solo que la "adiccion" al trabajo tampoco es buena , es mejor a realizar obras en bien a la comunidad, ser honestos, ayudar a los mas desfavorecidos, etc.

    2. 2

      Rey - 14 de Marzo del 2010 9:19:32 CDT

      «droga es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración del sistema nervioso central del individuo y, además, crea dependencia psicológica, física o ambas» Esto deberian leerlo los de gastronomía popular, comercio interior, organizadores de carnavales, bailes públicos y sobre todo aquellos "super inteligentes" que toman la decisión de vender pipas de cerveza en las esquinas y barbaridades de ese tipo. Me pregunto donde están los economistas de este país??? Acaso no se dan cuenta de cuanto le cuesta al estado atender en los hospitales (y a veces hasta de por vida) a todos los lesionados resultantes de la ENAGENANTE venta de bebidas que en el 99,99% de los casos terminan "como la fiesta del guatao"??? Lo más triste es que a todas esas supuestas fiestas populares se les llama hoy en día recreación sana, y en la organización de ellas a veces hasta participan las organizaciones juveniles que representa este periódico... Si es tan sano recrearse así, tomando alcohol y fumando, por qué tantos policías en esas actividades? Bebidas y cigarros, QUE TAMBIEN SON DROGAS, no es precisamente lo que necesitan los jóvenes de Cuba, por qué se lo ofertan tanto????????? No se puede ser adicto a las drogas y al trabajo al mismo tiempo! Un saludo.

    3. 3

      Amelia - 14 de Marzo del 2010 19:18:54 CDT

      Caminamos por la cuerda floja, si y estamos alimentando y exacerbando ese riesgo acotando lo que ya decia Rey, resulta que lo vemos en la TV,en las fiestas,en los paseos en fin,en todas partes,yo estuve por trabajo en un pais latino,de aquellos donde el nivel cultural es bajo y esas costumbres altas,nos indignábamos pq un pomo de agua costaba mas caro que una cerveza y una botella de aguardiente casi lo mismo que un pan y nosotros nos sentiamos reyes de las buenas costumbres,total,resulta,que somos tambien un pais de consumo,pais que por mas que hablemos vivimos como los demas,aqui,en cualquier local con 3 paredes y techo de guano se monta un establecimiento de expendio de bebidas alcoholicas,cigarro y tabaco,entonces,como dice Esterbina COMO QUEDO YO?si el maestro de mi hijo le explica como esto afecta la salud y luego cuando el busca el pan,al lado de la panera uno a continuacion del otro hay 3 establecimientos de expendio de bebidas,pero de que hablamos si ahora hasta en los Sylvain,donde otrora iban hasta los menores solos a comprar su dulce y caramelo ahora tienen sillas para tomar cervezas,pq segun ellos eso es lo que garantiza la recaudacion de divisas,en fin donde quedo nuestra educacion,nuestras buenas costumbres y son muy pocos los articulos como el que ud acaba de escribir

    4. 4

      Andrés - 15 de Marzo del 2010 14:05:20 CDT

      El alcohol es legal. Hasta donde debemos practicar las verdades?

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