Hansel, Gretel…, y Grecia

Autor:

Luis Luque Álvarez

Un niño rico, pero medio distraído, está en aprietos porque se ha quedado sin dinero para la merienda y acude a casa del vecino para que le preste. Y este se pregunta: «¿Por qué sus acaudalados padres y hermanos no lo ayudan?».

Así le pasa hoy a Grecia, un país europeo desarrollado, pero que tiene sus finanzas tan «organizadas» como un salón tras una boda, con un 12,7 por ciento de déficit público y una deuda de 300 000 millones de euros. Sus hermanos, los otros 15 estados que tienen el euro como moneda (en la UE de 27), están divididos sobre qué hacer con él. Unos (como Francia) quieren concederle préstamos y que todo quede «en familia». Otros (Alemania en primer lugar) pretenden que los descendientes de Pericles se las arreglen como puedan.

Entonces Atenas, como el muchachito del principio, se pone a considerar si toca a una puerta peligrosa, la del Fondo Monetario Internacional; como Hansel y Gretel, que para saciarse entraron en casa de la bruja, ansiosa de ponerlos en el horno. Otros «niños», como Argentina en 2001, ya sufrieron la mordida de la que les prometía golosinas.

La pregunta va en el sentido de la que formuló el vecino: ¿Cómo es posible que a algunos les pase por la mente dejar a Grecia a merced del FMI, cuando en la propia familia están las principales economías del orbe? Ese desdén, ¿no roe la credibilidad de la propia UE y de su moneda única?

Alemania, locomotora económica de los 27, es, en primera instancia, la que se niega a un rescate financiero. Tiene una lógica: si en medio de la crisis ha podido aguantar su déficit presupuestario en el 3,5 por ciento y ponerle riendas al desempleo, ¿por qué debe pagar la malcriadez de otro? ¿Y si se antojan otros países de la UE con abultados déficits?, piensa. Las autoridades germanas lo dicen claramente: «Grecia tiene que hacer su propia tarea». Y desde Atenas algunos les contestan airados que todavía Berlín debe pagar compensaciones por las víctimas de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El problema es que Grecia pedía préstamos y más préstamos, mientras disfrazaba sus cifras económicas. Eurostat, la oficina estadística de la UE, manejaba las falsas. Las reales vieron la luz solo cuando la crisis sacudió al Estado helénico. Por ejemplo, el Pacto de Estabilidad de la moneda única exige a cada país un déficit menor del tres por ciento del PIB. El anterior gobierno conservador informó un 6,7 por ciento en 2009, pero como ya dije, ¡era el doble! Y al socialista Giorgos Papandreu hoy le explota la granada en la mano…

¿Solución? Mayor transparencia, pide el propio gobernante. Que las cuentas de los 16 de la «eurozona», no solo las de Grecia, sean supervisadas por las entidades comunitarias. ¡Ah!, pero no todos en la UE están de acuerdo, así que parece que no solo en el Olimpo se maquillaron los números. Y en ello va otra debilidad del euro: ¿qué divisa «fuerte» es aquella cuyos criterios de convergencia pueden ser manipulados al antojo de las capitales? Los británicos, que no pretenden abandonar su libra esterlina para abrazar el euro, se estarán frotando las manos…

El gobierno griego ya aplica la tijera en los gastos y promete perseguir la evasión fiscal (¡multimillonaria!) y la corrupción. Pero pide otra cosa: no dinero, sino que sus socios comunitarios insten a los bancos a reducirle los intereses de su descomunal deuda. Como están en el seis por ciento, analistas aseguran que por mucho que se ahorre será imposible pagar. Y los principales prestamistas de Grecia son bancos… ¡alemanes y franceses!

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, advierte: el momento de actuar es ahora. Lo dice con tirria a que lo haga el FMI. Y es curioso: lo que han recomendado como «medicina» para otros, de pronto se vuelve un veneno para sí mismos…

Pronto, muy pronto se sabrá si Grecia se vio obligada a tomar el mismo caminito que Hansel y Gretel…

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