Un disparo de oro

Autor:

Néstor Raúl Quiñones Zequeira

Es inconcebible que algunos de los jóvenes que enfrentan la inscripción al Registro Militar y al proceso posterior,  digan que tienen alergias a cosas como el sol, el agua, la hierba e incluso la tierra, y a los pocos días sean los mismos que van de excursión, carnavalean y andan de fiesta y pachanga.

Es vergonzoso que algunos caminen kilómetros en noche de carnaval, y luego frente a la comisión de reclutamiento quieran demostrar que no pueden dar ni un paso, y a toda costa intenten persuadir a los expertos para que los exoneren del período de preparación básica o previa.

Ahora que estamos en congreso, y todos los días de esta vida, tenemos que recordar que el proceso revolucionario empezó hace 52 años y nadie preguntó si había asientos en el yate Granma, o si había hamacas en la Sierra Maestra.

Esta Revolución se hizo en los herbazales, los fangueros y la manigua, por lo que no son tiempos de melindres, sino de resistencia y valor, precisamente para seguir siendo consecuentes con quienes se enfrentaron a ejércitos de hombres bien armados sin reparar en mosquitos, alergias ni dolores aquí o allá.

Debe ser penoso para un hombre que se niegue a prepararse para defender la patria, ver como actualmente hay mujeres con diversos problemas, que estudian o trabajan, e incluso con maridos celosos, que no se niegan a dar su paso al frente en el Servicio Militar Voluntario Femenino.

La sociedad —y digo vecinos, compañeros de escuela y sobre todo los familiares— deben crear conciencia de que el Servicio Militar Activo y el Servicio Militar Voluntario Femenino no son inventos para perder el tiempo, sino una necesidad. Para mí, como joven de estos tiempos es un modesto aporte y retribución a todos aquellos que hicieron y seguirán haciendo tanto por nosotros.

Jobabo, el pueblito donde nací y vivo, no fuera lo que es hoy si tantos jóvenes hace más de 50 años no le hubieran perdido el miedo a los matorrales y sobre todo a los esbirros que explotaban a mis coterráneos, casi todos trabajadores azucareros, brazos cruzados la mayor parte del año.

Prepararnos para la defensa no es un capricho, sino un deber sagrado y un privilegio. El Comandante de la Revolución Guillermo García Frías nos recordaba que un solo disparo era la prueba para sumarse al Ejército Rebelde, porque las municiones eran oro puro y era un tremendo orgullo poder hacer ese disparo. Ahora tenemos medios y diversas técnicas para prepararnos para defender la paz. ¡Hagámoslo!

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