CorruPPción a la española - Opinión

CorruPPción a la española

Autor:

Luis Luque Álvarez

«Nos vamos con las manos limpias y las cuentas claras», sentenció Mariano Rajoy, líder del derechista Partido Popular (PP), tras perder los comicios de 2004 ante el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Una fragancia de incorruptibilidad invadía el aire mientras pronunciaba la frase, y un doctor catalán, que no vota al PP ni al PSOE, insistía en convencerme: «Han sido honestos, la verdad».

Sin embargo, los paladines de la probidad están hoy en el pico de la piragua, y han ido cayendo peje tras peje en el jamo. La trama Gürtel es el nombre del caso con el que la prensa española hace su agosto desde 2009. Un empresario, Francisco Correa («correa» es Gürtel, en alemán), fungió desde tiempos aznarianos como contacto entre el PP y varias compañías, que obtenían favores en forma de contratos, a cambio de autos lujosos, relojes caros, viajes a playas paradisíacas en el fin del mundo, etcétera.

Esta semana precisamente, un macuto de documentos fue sacado a la luz por las autoridades judiciales, y todo el mundo está hurgando. Ante lo que viene, el senador y tesorero del PP, Luis Bárcenas, solicitó su baja temporal del partido y renunció a seguir llevando la bolsa de las monedas. Por cierto, en el relato bíblico, era Judas quien la llevaba, pero esto es solo una pincelada curiosa. En la historia que nos ocupa, Jud…, ¡o sea!, Bárcenas habría recibido 1 353 000 euros por debajo del tapete, con lo que habría traicionado la confianza de su jefe, Rajoy, quien trata de dorar la píldora y dice que «unas personas se han  aprovechado de algunos militantes para hacer lo que no debieran». ¡Claro!, porque los miembros del PP son casi ángeles, empujados al pecado por endemoniados negociantes…

La lista de santos personajes bajo pesquisa ronda los 70 individuos. Algunos ya peregrinaron por la ruta espinosa de la acusación, como el secretario del partido en Valencia, Ricardo Costa, suspendido en octubre. Y ya que las injurias contra los buenos siempre abundan, en otro escándalo, el ex presidente de la comunidad autónoma de Islas Baleares, Jaume Matas, tuvo que depositar tres millones de euros de fianza para evadir los barrotes, indiciado por haberse dado presuntamente un baño de euros en la construcción de un velódromo, de donde se desviaron unos 50 millones de esos billetes. Por ello puede atraerse la —¡oh injusta!— condena de 24 añitos de cárcel.

Ahora bien, ¿están tales rifirrafes en el centro de las preocupaciones de los españoles? Pues no. Hay otras cosas por las cuales estar más en guardia. Para el 82 por ciento de los encuestados por el Centro de Investigaciones Sociológicas, la principal es el desempleo, que afecta ya a 4 130 625 personas. Solo muy por debajo en la atención de los ciudadanos, en el 16,8 por ciento del interés, se hallan los asuntos de la clase política.

Esto es sintomático. Denota hastío, y quizá condescendencia con la idea de que los políticos están para enriquecerse como puedan, y que ninguno merece confianza, ni quienes están hundidos hasta el cuello ni los que los condenan. Tal vez por esa indiferencia —y por el desgaste natural del gobierno ante la crisis económica— el PP sigue superando al PSOE en las encuestas.

Así, mientras los titulares de los diarios les pasan por el lado, los españoles hacen cola para ingresar al ejército e irse a Afganistán, o para entrar en la policía, donde según The Economist hay 30 solicitantes por cada plaza vacante.

Porque Correa, Bárcenas y los otros «corruPPtos» que sigan cayendo tendrán siempre ante sí un plato de garbanzos. Pero la gente sencilla, que no acaba de ver despegar la economía, debe ingeniárselas cada día para buscarlo.

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