Más turbulencias en Okinawa

Autor:

Nyliam Vázquez García

¿Solo una promesa? Pues al parecer, sí. Según la más reciente evaluación del primer ministro japonés Yukio Hatoyama, no es posible trasladar la base estadounidense Futenma de la isla de Okinawa. No importan las protestas de los residentes en la zona, ni tampoco que cerrar el enclave militar haya estado entre los compromisos electorales del gobierno del Partido Democrático Japonés (PDJ), para destronar a su rival partidista con casi medio siglo en el poder. Ahora, «objetivamente» —dice— es imposible.

Ni siquiera resulta viable trasladarla, como consta en el acuerdo firmado con Washington por el anterior ejecutivo, en 2006. Según ese documento, la impopular base de Futenma debía, al menos, cambiar su actual ubicación en el centro de la isla, hacia la costa.

«Hablando de manera realista, es imposible moverla completamente», aseguró ahora Hatoyama durante una visita reciente a Okinawa, cuando también explicó que mantener la base era una «necesidad» para la seguridad nacional de Japón, bajo la alianza militar con EE.UU. Nuevamente el socorrido concepto, que lo justifica casi todo, se eleva como banderín para explicar la «pertinencia» de determinadas políticas. Incluso, aunque vayan en contra de todos los principios.

Precisamente este jueves el Premier nipón afirmó, según un despacho de Xinhua, que incluso el traslado de Futenma «al menos fuera de la prefectura de Okinawa» fue más una aspiración, que un compromiso. ¿Por qué ahora es imposible y antes no?

Lo complejo a estas alturas es que la población no entiende razones. La inconformidad crece y toma tintes dramáticos.

Para quienes habitan la zona, los militares yanquis son una amenaza para su tranquilidad. Los uniformados Made in USA son asociados allí —como en buena parte del mundo— con el escándalo y el aumento del crimen. Pero la fama la tienen muy bien ganada. Es extenso el historial de desmanes cometidos por los marines en Okinawa. Y no únicamente allí.

El pasado mes, cerca de 100 000 personas se manifestaron en la isla para demandar el cierre de la base militar. Aunque Hatoyama prometió que resolvería el conflicto antes de finalizar el mes de mayo, con su reciente evaluación dejó claro que el resultado final, aún por concretarse, está muy lejos de la promesa original.

«Siento mucho tener que pedirle al pueblo de Okinawa que entienda que una parte de las operaciones de la base van a tener que permanecer en la isla», expresó, citado por BBC. Lo que no queda claro es hasta qué punto sus pronunciamientos pueden calmar los ánimos de quienes sufren con la presencia militar estadounidense. Baste señalar que solo en esa isla permanecen más de la mitad de los 47 000 soldados estadounidenses apostados en el país asiático.

El ejecutivo japonés se enfrenta a las turbulencias internas, pero también a las presiones de Washington. Para la Casa Blanca, cada una de sus 90 bases militares en el archipiélago, resultado de los acuerdos de posguerra, es definitivamente estratégica. No se puede olvidar que la alianza militar con Japón se mantiene como piedra angular de la política imperial en Asia.

Según el corresponsal de la BBC en Tokio, Roland Buerk, el conflicto sobre el futuro de Futenma ha hecho disminuir el apoyo popular al gobierno japonés, que llegó con promesas de cambio que deterioraron las relaciones con Washington. De otro lado, observadores apuntan que el manejo del conflicto por parte del ejecutivo nipón podría afectarlo con vistas a las elecciones para la Cámara Alta, que se celebrarán en julio.

Como quiera, lo que parece seguro es que el incumplimiento de una de las promesas electorales más importantes, le pasará la cuenta. A juzgar por los acontecimientos, tal vez más temprano que tarde.

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