Alemania dio el «sí»

Autor:

Luis Luque Álvarez

Sin rodeos: ¿a qué asintió Alemania, según se anuncia? A arrimar el hombro —o más propiamente, el bolsillo— para ayudar a los países europeos que, como la desesperada Grecia, tengan la desgracia de patinar y caer. Ahí va la cifra: Berlín aportará hasta 148 000 millones de euros, del total de 750 000 millones con que el tándem Unión Europea-Fondo Monetario Internacional intentará evitar próximos colapsos.

Antes de seguir, otra precisión. Entiéndase por «ayudar» entregarle los recursos necesarios a los estados para que paguen sus deudas con la banca. Sí, porque sin aclararlo, cualquiera pensaría que son los ciudadanos quienes recibirán los euros, y entonces se exprimiría el cerebro para entender cómo, si hay una «ayuda en camino», los  griegos están saliendo a la calle en unas «inexplicables» protestas.

Volvamos al país de Beethoven. El viernes, el Bundestag (Parlamento) aprobó la partida financiera, pero no sin reticencias. De hecho, algunos parlamentarios de la coalición liberal-conservadora rompieron la disciplina de voto y se abstuvieron o rechazaron la propuesta de su gobierno, el de la canciller federal Angela Merkel, empeñada en sacar del apuro ¡no a los griegos ni a los fenicios!, sino al euro.

Como se sabe, liberales y conservadores bailaron recientemente con la más fea en las elecciones regionales de Renania del Norte-Westfalia, y una de las razones fue que en la opinión popular primaba la negativa a que se apoyara monetariamente a los griegos. Los medios, en buena medida, y algunos políticos, han estado muy ocupados echándoles tierra encima a los tataranietos de Aristóteles, culpándolos de haraganes y gastadores, mientras ellos, los «ordenados» y «responsables» germanos, trabajan duro, por lo que no les hace gracia pagar los platos rotos por los demás.

Pareciera, pues, que los apuros económicos, o la irresponsabilidad ante el cumplimiento estricto del límite del tres por ciento en el déficit fiscal (mayores gastos en relación con los ingresos del Estado), son un fenómeno exclusivo de los griegos (con un 13,6 por ciento).

Pronto se olvida que Alemania, y algunos otros, han rebasado más de una vez el listón permitido. Por solo decir, en este momento, de los 27 países de la UE, la Comisión Europea les ha abierto expedientes por déficit excesivo a 20 de ellos.

El académico español Alberto Garzón Espinosa, en un interesante artículo sobre la presunta «vagancia» de los griegos, ilustra con cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) la situación real: frente a los alemanes, que laboran 1 430 horas anuales, los helénicos lo hacen 2 120. ¡Solo en Corea del Sur se trabaja más! Asimismo, la edad media de jubilación en la UE se ubica en los 61,1 años, y en Grecia es de 61,4. Así, vistas superficialmente, unas décimas pudieran decir poco, pero en todo caso, sirven para desmentir el mito.

Pese a ello, la realidad es que los ciudadanos griegos —y otros, se ve— pagarán la cuenta de una cena que no degustaron. Incluso el primer ministro, Giorgos Papandreu, admitió el viernes ante el Parlamento que las medidas para apretarse el cinto —como las reducciones salariales o la destrucción de empleos— son «injustas». Si aparte de eso deben soportar que otros les den lecciones, o los insulten…

En un final, ¿alguien en el Bundestag, o en otro Parlamento europeo, está en condiciones de tirar la primera piedra?

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.