Cuando no suena el bolsillo

Autor:

Nelson García Santos

Para lograr eficiencia económica cualquier camino, por estrecho y hasta obvio que parezca, resulta viable, más ahora con la meridiana necesidad de evitar a toda costa el despilfarro.

En ese sentido tengo un ejemplo a mano.

El sector de la Salud en Villa Clara progresa en la iniciativa de sacar bien las cuentas para reducir el empleo de su presupuesto, de 365 millones de pesos para este año, sin afectar los servicios a la población.

En lo que va del actual lograron disminuirlo en poco más de diez millones de pesos, lo que confirma lo valedero del empeño y sus ventajas, porque pueden destinar ese dinero a resolver otros problemas en el mismo sector o, simplemente, se convierte en un ahorro neto para las arcas del Estado, menguadas por la crisis económica y, en cierta medida, por el derroche y la ineficiencia en que todavía se incurre en muchos lugares.

¿Cómo lo concretaron? Mediante la reorganización de la plantilla para contar solamente con la necesaria, la disminución de gastos en el servicio telefónico, la reutilización de efectos médicos, la suspensión de gratuidades indebidas y, en general, un mayor control sobre cada centavo a gastar.

Para ilustrar valen estas especificidades: luego de una revisión por especialistas de Salud Pública, de la Seguridad Social y de otros organismos, se disminuyeron en 4 695 la cantidad de personas que recibían medicamentos gratuitos. Esta medida, analizada con cada uno de los afectados, representó una disminución del gasto en 1 110 614 pesos.

Se concretó, según la dirección institucional, sin extremismos, y tras revisar la totalidad de los expedientes de los exceptuados del pago de medicamentos por Seguridad Social.

Obvio, incomprensiones siempre existen, pues a nadie le agrada que le quiten lo regalado, pero la sustentación de otorgar el aval o no para la entrega gratuita fue cristalina, enfatizaron los directivos. Había personas a las que se les entregaban más medicamentos de los que necesitaban, y casos numerosos que en la actualidad pueden comprarse las medicinas.

En definitiva, el ahorro en la utilización del presupuesto y su redistribución, en parte, facilita, por ejemplo, la posibilidad de invertir más en el mantenimiento general de la infraestructura de la institución.

Y más todavía, como razona Mario Llanes Sanduy, vicedirector de Inversiones y Mantenimiento del MINSAP en Villa Clara, permite cubrir otras necesidades, si fuera necesario, o simplemente, representa un ahorro neto.

La dirección del país jamás ha cuestionado el otorgamiento de recursos para la salud, pero en la circunstancia actual el empleo de lo garantizado en lo material, de acuerdo con las posibilidades, requiere ajustarse a lo estrictamente necesario. O lo que resulta igual, impedir el despilfarro tan enraizado en nuestra sociedad, porque, cuando no suena el bolsillo nadie saca cuentas.

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