Fundamento ético de la prédica martiana

Autor:

Armando Hart Dávalos

Se acrecienta la urgencia de movilizar a la opinión pública internacional para promover acciones encaminadas a frenar y revertir los procesos que ponen en peligro el precario equilibrio que hace posible la vida de nuestra especie en el planeta Tierra. Una vez más acudo al fundamento ético de la prédica martiana.

Estamos en un momento verdaderamente crítico de la varias veces milenaria historia del hombre sobre la Tierra, y al mismo tiempo en medio de una etapa muy importante y compleja de la lucha de los pueblos, especialmente en nuestra región latinoamericana y caribeña, a favor de un cambio radical en el curso de los acontecimientos.

Por otra parte el desorden neoliberal a favor de los ricos, marginando o suprimiendo el control del Estado, condujo a una profunda crisis que comenzó como se sabe por el sector inmobiliario, se extendió al sector financiero y hoy hace metástasis en la economía real creando una grave situación de imprevisibles consecuencias para todos los pueblos del mundo.

Los procesos globalizadores ampliaron el reto a toda la humanidad. Ya no se trata de salvar a una comunidad aislada, sino a la humanidad toda poniendo fin al desorden jurídico, las diferencias de desarrollo económico, social y cultural, a los desajustes ecológicos, al racismo, el hegemonismo y a la «fascinación» por un modelo consumista insostenible que impone el lenguaje subliminal y empobrecedor de los medios de comunicación.

La degradación ética está en la raíz de estos males. La corrupción de las costumbres y los consorcios de la droga marcan con su impronta la vida cotidiana en muchos países desarrollados. Está a la vista la fractura de las bases éticas, políticas y jurídicas de las sociedades más desarrolladas de Occidente, y en especial la norteamericana actual.

Nuestra acción debe estar encaminada a enviar un mensaje a los sectores sensatos de la sociedad norteamericana, y en primer término a aquellos sectores académicos y del movimiento social que reclaman con fuerza una nueva política hacia América Latina y el Caribe, con vistas a establecer un diálogo, sobre fundamentos culturales, que nos permita influir a favor de los cambios que la humanidad reclama con urgencia. El pensamiento martiano y sus concepciones sobre el equilibrio del mundo constituyen una base fundamental para ese propósito.

Fue precisamente el Apóstol quien caracterizó el desafío que aún hoy tiene vigencia. La contradicción, dijo, no está entre civilización y barbarie, sino entre falsa erudición y naturaleza. Así, cuando la cultura se corresponde con intentos de dominación es falsa erudición y por consiguiente agrede a la propia naturaleza, y en cambio cuando se identifica con el ideal de liberación, se revela como una segunda naturaleza genuinamente humana. Ella no es accesoria a la vida del hombre, está comprometida con el destino de la humanidad y situada en el sistema nervioso central de las civilizaciones. En la cultura hacen síntesis los elementos necesarios para la acción, el funcionamiento y la generación de la vida social de forma cada vez más amplia. Las alternativas de un progreso económico y social estable han fracasado en diversos proyectos, porque se subestimó el factor humano y la compleja trama de relaciones, creencias y valores que se hallan en la médula de la cultura. Recordemos que Martí señaló que hasta el derecho aplicado sin cultura se parece al crimen.

Es necesaria más que nunca una intensa labor de divulgación y esclarecimiento, para que amplios sectores de la opinión pública internacional adquieran conciencia cabal de las peligrosas realidades que amenazan la paz y la supervivencia de la humanidad, así como de la necesidad de la más estrecha unión. Martí, una vez más, nos da la clave cuando afirmó que «trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra» y que «una idea justa, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército».

Lo ocurrido en la Cumbre sobre Cambio Climático, en Copenhague, fue muestra de cómo algunos países poderosos intentan imponer su voluntad a la comunidad internacional y violentar y desconocer el papel aglutinador de Naciones Unidas, que se basa en el más estricto respeto a la igualdad jurídica de los Estados, como establece su Carta fundacional.

Aceptamos el desafío impuesto por la actual crisis económica internacional, pero ello no significa que aceptemos como orientación válida salvar la riqueza de los ricos y descargar sobre los más pobres todo el peso de la crisis. Cualquier solución tiene que partir de principios éticos y culturales, pues, solo así defenderemos a la humanidad de la debacle, a los pobres de la miseria y a la tierra misma del desastre ecológico denunciado por la comunidad científica internacional. La única forma de contribuir a la paz de manera estable y duradera, consiste en situar la bandera de la democracia, el respeto a los valores universales de la cultura y a los principios del sistema de derecho internacional en el centro de nuestro empeño.

Y en la lucha por hacer prevalecer principios y valores éticos el ejemplo de los Cinco héroes cubanos, luchadores antiterroristas presos desde hace una década injustificadamente en las cárceles del imperio, se intensifica y abarca ya a todos los continentes. No desmayaremos hasta ver en libertad a Gerardo, Antonio, René, Ramón y Fernando.

En estos tiempos en los que se dirime la sobrevivencia de nuestra especie y la posibilidad de abrir cauce a un orden mundial más justo y solidario, la prédica de Martí, con su fundamento ético, constituye una guía certera para la búsqueda del pensamiento que abra cauce a la acción movilizadora en favor de los más apremiantes reclamos de la humanidad en estos albores convulsos del siglo XXI.

En medio de una crisis de civilización en que se han destruido todas las ideologías e «ismos» infecundos por irreales y caóticos, hay que ir a la búsqueda de un nuevo pensamiento filosófico de consecuencias educativas y políticas basado en la elección de ideas de los grandes próceres y pensadores de la historia universal. Podemos hacerlo sobre el fundamento de la justicia como categoría principal de la cultura y con la ética como «sol del mundo moral», como la llamara el brillante pensador y educador cubano José de la Luz y Caballero.

Ninguna ocasión más propicia para hacer llegar estas ideas esenciales que vinculan y actualizan como nunca antes el pensamiento de Martí —junto al de los próceres y pensadores de América—, en este momento crucial.

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