Los ojos que no ven a Israel

Autor:

Juana Carrasco Martín

¿Acaso es poco para el Estado sionista de Israel el crimen cometido contra la flotilla de ayuda humanitaria para Gaza? Parece que sí: el último día de mayo, cuando manifestaba en Qalandiya, en la Ribera Occidental, contra el bestial ataque, Emily Henochowicz, una estadounidense integrante del Movimiento de Solidaridad Internacional, recibió en pleno rostro el impacto de una granada de gas lacrimógeno.

Emily, de 21 años y estudiante de arte en el Cooper Union, del East Village de Manhattan, Nueva York, ha perdido su ojo izquierdo y sufrió heridas en la cabeza. El lunes en la noche tuvo que ser sometida a dos operaciones quirúrgicas en el hospital Hadassah, de Jerusalén, donde le insertaron tres piezas de metal en su cara y cabeza, cuando el hueso que rodea su ojo izquierdo, el pómulo y la quijada fueron fracturados por el golpe propinado por una de las granadas lanzadas por la policía de frontera en el puesto de control de Qalandiya.

«Ellos nos vieron perfectamente, y sabían que éramos internacionalistas», dijo el voluntario sueco Sören Johanseen, quien añadió que «lanzaron muchas granadas contra nosotros en rápida sucesión. Una cayó junto a Emily, y la tercera le dio en la cara».

El injustificado ataque provocó pánico entre los palestinos desarmados y manifestantes internacionales que demostraban pacíficamente su rechazo a la masacre de la flotilla, tal y como ocurría en otras partes de Israel, Gaza y Jerusalén.

Supuestamente, las granadas de gases lacrimógenos son utilizadas por la policía israelí para dispersar las manifestaciones, lanzándolas contra la multitud indirectamente y a distancia. Sin embargo, tal y como la emplearon contra Emily, en tiro directo y al cuerpo, es un uso frecuente; en mayo de 2009 en la aldea Bil’in, ese proyectil causó la muerte a Bassem Abu Rahmah.

También el pasado año, el 13 de marzo, un agente de la Policía Fronteriza, desde una distancia de 60 metros, disparó otra granada contra el ciudadano estadounidense Tristan Anderson, quien participaba en una manifestación en Ni’lin: el artefacto lo hirió en el lóbulo frontal de la cabeza, según publicó entonces B’Tselem, que solicitaba una investigación al brigadier general Avichai Mandelblit acerca de esa práctica de las fuerzas de seguridad israelíes en los Territorios Ocupados.

B’Tselem informaba de al menos otros tres casos, y en uno de ellos la víctima era un muchacho palestino de 13 años, según mostraban los videos de la publicación.

Sin embargo, a pesar de la denuncia en el caso de Anderson, las Fuerzas de Seguridad israelíes habían declarado al periódico Ha’aretz que «basados en la inquisitoria hecha en el lugar luego del incidente, el uso de los medios para dispersar las demostraciones estaba de acuerdo con los procedimientos».

La agresión directa contra la joven Emily Henochowicz recuerda lo ocurrido con otra pacifista norteamericana, Rachel Corrie, muerta cuando un bulldozer de los militares sionistas la aplastó, en momentos en que protestaba por la demolición de viviendas en un campamento de refugiados palestinos.

De Emily no se ha informado en la gran prensa estadounidense. El caso se silencia, como también que los sionistas que ocupan tierras palestinas para levantar sus pueblos les cantan en hebreo a los internacionalistas en Tel Rumeida: «Matamos a Jesús, los mataremos a ustedes también», denunciaba un comentario sobre el caso de Emily.

¿Cuándo Occidente protestará o bloqueará a Israel y su diaria violación de los derechos humanos y las libertades civiles? No hay peor ciego que el que no quiere ver….

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