Amores de verano

Autor:

Roberto Díaz Martorell

Los latinos y en especial los cubanos (románticos por excelencia) siempre estamos dispuestos a disfrutar de los placeres del amor y el sexo, sin embargo por estos días de intenso calor tales deseos disminuyen y muchos prefieren, con la mejor de las intenciones, la distancia de su pareja.

Las altas temperaturas —afirman expertos en psicología humana— influyen de forma negativa en los estados de ánimo de las personas y causan incomodidad ante cualquier contacto físico que aumente la sudoración y la sensación de ahogamiento tras un gasto excesivo de energía.

Estoy seguro de que tales actitudes pudieran interpretarse como un rechazo a la compañera (o) de vida quien, afectado en su amor propio, devuelve la misma moneda y entonces se dañan los sentimientos, la comunicación y el sentido por el que eligieron vivir juntos.

Esta disminución del deseo sexual en tiempos en que el sol castiga la tierra con más saña afecta con más intensidad a las parejas con algún sobrepeso, y no es justo que el clima les juegue una mala pasada a quienes no pudieron contener la gula y exhiben varias libras de más, pero que también merecen ser felices.

Es cierto que el sudor, sustancia que segrega el hombre, y la mujer, como consecuencia además del calor abundante, de estados emocionales de sobresalto o miedo, es desagradable, pegajoso, produce incomodidad y no es precisamente un aroma afrodisíaco.

«No es lo mismo sudado que sudar haciendo», me comentó una compañera (por cierto con algunas libras de más), quien confirmó la inapetencia sexual durante los meses de verano, cada vez más calurosos, la que, a mi juicio, no se debe confundir con falta de cariño, pérdida del amor o síntoma de infidelidad.

Los que así actúan, tal vez se animaran si conocieran que el amor es la mejor medicina para todo tipo de enfermedades o problemas, o tal vez les resulte desconocida la receta de hacer el amor al jugo.

Analistas del comportamiento humano afirman que, cuando los hombres, y las mujeres también, son asiduos a las caricias —las verdaderas, no las comerciales— pudieran extender hasta más de cinco años su período vital. La sensación que produce sentirse amado y amar favorece además la segregación de sustancias beneficiosas para el sistema inmunológico del organismo.

Hacer el amor con bastante frecuencia —no apto para mayores de 60 años— solidifica las relaciones humanas entre parejas, y tal grado de compenetración ayuda además cuando surgen rupturas emocionales por disfunción o insatisfacción sexual, entonces tales situaciones incómodas se pudieran convertir en momentos de infinito placer.

Al alejarse de su pareja, negarse a la caricia, el beso, el abrazo, el roce lujurioso, en fin, usted corre el riesgo de ser vulnerable al desequilibrio mental, al estrés y a actuar de manera ríspida, y eso no es saludable.

Tal vez no pueda ofrecerle una receta, pero sí recomendarle que, con calor o sin él, sudado o fresco, motivado o no, cada vez que tenga la oportunidad acepte la invitación, porque estar enamorado produce el mejor de los estados de ánimo, cura enfermedades y favorece la comunicación. Ame, y después siéntese frente al ventilador.

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