Mucho money para dividir a Sudán

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

¡Dividir a Sudán! El viejo sueño norteamericano sigue en pie, y para ello están disponibles las arcas de Washington. Mucho, mucho money —nunca falta para las guerras y la desestabilización— corre por la canalita para invertir en la fragmentación de uno de los más extensos y ricos Estados africanos, y en la construcción de un nuevo satélite proestadounidense en la región.

Hoy, uno de los puntos esenciales de la agenda norteamericana para Sudán es allanar el camino para que se cumpla por completo el Acuerdo Integral de Paz (CPA por sus siglas en inglés), uno de los logros de la diplomacia intervencionista de Bush.

Firmado hace cinco años en Naivasha, Kenya, dicho convenio es de vital importancia para EE.UU., pues según lo acordado, las regiones del norte y el sur, que llevaban unos 20 años en enfrentamiento por el control de los recursos naturales, compartirían el poder y la administración de las riquezas hasta 2011, cuando se debe realizar un referéndum en el que la parte meridional del país decida si quiere seguir unida al norte o votar por su independencia.

A Washington se le hace la boca agua nada más de pensar que el sur sudanés pudiese quedar desgajado como un Estado independiente, con muchas riquezas petroleras, que le serviría de satélite en la región, y que socavaría al Gobierno islamista de Omar Hassan al Bashir.

Para este año, EE.UU. tiene pensado utilizar 42 millones de dólares solo para continuar las operaciones de apoyo a la implementación del CPA. Ello se traduce en el sostén logístico y el asesoramiento para transformar al Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (SPLA) —guerrilla que opera en el Sur— en una verdadera fuerza militar profesional, capaz de enfrentarse al Gobierno, así como para la creación y el fortalecimiento del entramado institucional de la porción desgajada.

Las cuentas para desestabilizar parecen no tener fin en las arcas de Washington. El rotativo local Sudan Tribune reporta que la cónsul norteamericana en Juba —capital de esa región sureña—, Ava Rogers, patentizó el compromiso de su país con el referéndum, en un encuentro con el vicepresidente del Gobierno de esa región semiautónoma, Riek Machar Teny, al contarle que se destinarían 60 millones de dólares para los arreglos de esa consulta.

La cuantiosa suma será canalizada a través de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), la fachada de la CIA para financiar la política de desestabilización interna en cualquier rincón del mundo. Con ese fin también participarán otras agencias estadounidenses calificadas de «independientes». Otra intervención hecha con guantes de seda.

La historia lo dice todo: 17 años en las hipócritas listas de países patrocinadores del terrorismo, que EE.UU. se arroga el derecho de elaborar; más de diez años de constantes sanciones y castigos para ahogar el desarrollo económico de ese país pobre; amenazas de intervenciones militares; anuncios de apretones de mano a cambio de sumisiones, y un cambio de régimen porque el actual no se alinea a los intereses imperialistas y, desafiante, busca su porvenir a través de negocios con países como China, India o Malasia. ¿Puede entonces el pueblo sudanés esperar algo bueno de ese que se vende como un «amigo»?

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