El amable fantasma - Opinión

El amable fantasma

Autor:

Luis Luque Álvarez

El 18 de junio de 1940, el general francés Charles de Gaulle, que se había desgañitado intentando convencer a su Gobierno de mecanizar al ejército para enfrentar la creciente amenaza alemana, estaba en Londres, adonde había llegado más solo que la una. Esa noche, desde la BBC, lanzó una alocución para llamar a sus compatriotas a resistir a los ocupantes del suelo de Francia. Según historiadores, solo tres gatos —tal vez cuatro— pudieron escucharlo, pues en vastas zonas no había electricidad…

Justo 70 años (y un día) después, un «gaullista», el ex primer ministro galo Dominique de Villepin, también llamó a salvar a Francia, solo que no de tropas foráneas, sino de… No, no nombró al hombre, pero como «por las “huellas” que deja, se conoce al pájaro», el atildado señor señaló al ave: el mismísimo presidente francés, Nicolas Sarkozy.

A él le enfiló la acusación de haberse olvidado de quienes tendrán que pagar por la crisis que no crearon, a saber, obreros, campesinos, estudiantes, y de haber dejado «sin aliento» el sistema económico y social francés. ¿Cuál será el salbutamol? ¡Pues él mismo, De Villepin, y el partido que presentó en su discurso: República Solidaria!

Sin dejarse llevar por el adjetivo «solidaria» —sugerente para los votantes de izquierda, ¿no?—, hay que decir que De Villepin procede exactamente de las mismas filas que Sarkozy, la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP), heredera de las ideas políticas de De Gaulle (resumidas en la concepción de un Estado fuerte, un alto nivel de protección social, y la independencia de Francia en los asuntos exteriores). Si ahora, tras salir airoso de un rifirrafe judicial montado en su contra por Sarko, resucita con un nuevo partido, es porque en 2007, año de la elección, resultó ser este el candidato de la UMP. De haber sido De Villepin el afortunado, sin duda se hubiera quedado en casa, y hoy sería el cabeza de familia. Tranquilamente.

Ahora, desde otro banco, pudiera llegar a serlo. Aunque no se ha proclamado candidato del nuevo partido a los comicios de 2012, no ignora las encuestas, que lo han colocado en el segundo puesto de las preferencias, con 31 por ciento, dos puntos por detrás del primer ministro François Fillon.

¿Y Sarkozy? Ni mentarlo: el 65 por ciento no quiere verlo reelegido. Según el semanario inglés The Economist, si en Francia, a diferencia del resto de sus vecinos, no se ha anunciado un plan de tijeretazos presupuestarios, es porque el Presidente no quiere, antes de 2012, ahuyentar a los simpatizantes que le quedan. Hay por ahí alguna reforma, como la de extender de 60 a 62 años las jubilaciones en 2018, y un anuncio de subir del 40 al 41 por ciento el impuesto a los ingresos, ¡y ya hay anuncios de protestas para este mismo jueves! Intentemos imaginar de qué «bastillescas» dimensiones serían estas si Sarko se apeara con recortes al estilo alemán o británico. ¡Ni pensarlo…!

Es así que, sabedor de los apuros de su rival, De Villepin juega sus cartas, y no rehúye comparaciones con «le Grand Charles», el salvador de «la France». No olvida recordarles a los oyentes su valentía como canciller en 2003, cuando se opuso a las torpes excusas de la administración Bush para echarle garra a Iraq. Tal como De Gaulle, que, entonces dependiente de la buena voluntad de EE.UU. y Gran Bretaña, se plantó ante Roosevelt para dejarle clarito que Francia conservaría su papel de potencia europea en la posguerra, sin dejarse zarandear al antojo de Washington y Londres.

Además, criticó a Sarkozy por haber decidido el regreso de Francia al mando integrado de la OTAN. De Gaulle salió echando un pie de allí en 1966, porque EE.UU. no tenía intención de sumar a los franceses al núcleo principal de las decisiones, formado por británicos y norteamericanos. Hasta donde se sabe, la voz cantante en la OTAN sigue siendo EE.UU —no es el único tenor, pero sí el más «dotado»—, por lo que las cosas no han cambiado mucho desde los años 60, y no habría, en opinión de De Villepin, por qué modificar el estatus francés dentro del pacto militar.

En fin, el amable fantasma del general inspira al ex primer ministro a mostrar músculo, pero su República Solidaria es un cuerpo que precisa mucho ejercicio. Si la crisis pone más drástico a Sarkozy, ya ayudará indirectamente a nutrirlo…

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