Afganistán, una úlcera sangrante

Autor:

Juana Carrasco Martín

Afganistán está peor de lo que se piensa, dice The Toronto Star. Debe saberlo el periódico canadiense, porque allá han muerto una buena cantidad de sus coterráneos. El comentario, hecho a raíz de la filtración de los documentos por parte de Wikileaks, asegura que los papeles clasificados solo le dan el sello oficial al fracaso de la misión de la OTAN que «desde hace mucho es un caos».

Agrega que Obama apela a la fecha de los registros —llegan hasta diciembre de 2009— para asegurar que desde entonces las cosas han cambiado «para mejor» con el aumento de efectivos y la intensificación de las operaciones ordenadas por él, entre ellas los bombardeos por control remoto de los drones sobre las montañas, que hacen más imaginaria aún la línea fronteriza entre Afganistán y Paquistán.

Un tercer punto anotado por el diario: el llamado doble juego de Paquistán, aceptando armas y dinero de Washington y al mismo tiempo —según algunos de los memorandos— ayudando a los talibanes.

Como conclusión, los canadienses que ya conocían el panorama, dan como más lúgubre la situación de hoy respecto al escenario retratado por los documentos secretos de Afganistán: el área ingobernable es cada vez mayor, los convoys de las fuerzas atlantistas son blanco de las bombas camineras, no están seguras ni en sus bases; tampoco Kabul es un recinto a prueba de las misiones suicidas de los combatientes afganos.

Bien que se lo advirtieron los rusos, y pudieron también aprender de los ingleses, pero nadie escarmienta por cabeza ajena.

Al general estadounidense Stanley McChrystal le costó el puesto y asumió el mando el general David Petreaus, pero el saliente lo dijo claro: Afganistán «es una úlcera sangrante».

No sé si lo dijo por los muertos o por la corrupción que florece con los mismos colores que las amapolas del opio, en medio de conflictos tribales permanentes, y la actuación discreta y asesina de los escuadrones de operaciones especiales de EE.UU. que no garantizan la victoria, pero sí el odio de la población.

¿Y los afganos? Pues están hasta el cuello y no pocos analistas aprecian que una buena parte de la población consideran a los talibanes el menor entre dos males… sobre todo los pashtunes, que ponen la mayor cantidad de los muertos civiles cuando EE.UU. bombardea con «precisión».

Holanda, Canadá, Gran Bretaña y otros ya se preparan para hacer mutis por el foro, por tanto, la guerra que en octubre cumplirá nueve años y para la que el Congreso acaba de aprobar otros 59 000 millones de dólares de «emergencia» para este año, será cada vez más la del Nobilísimo.

Para picar la torta tiene 100 000 efectivos regulares, que puede llevar a 150 000, y 100 000 mercenarios contratistas, más un número similar de reclutados afganos a quienes consideran «ineptos».

Y ¿saben que dicen la CIA dirigida por Leon Panetta y el consejero de Seguridad Nacional James Jones? Que en Afganistán hay solo 50 a 100 miembros operacionales de Al Qaeda y entre 300 a 400 miembros del grupo terrorista en Paquistán.

Una simple operación matemática reafirma el sobrenombre más apreciado por los afganos: tumba de los imperios… También pudiera ser la enterradora de las ilusiones, como dijera alguien.

Veamos cómo sale de ese hoyo el inquilino de la Casa Blanca, quien el domingo declaró a CBS News que la guerra tenía «meta modesta… No permitir que los terroristas operen desde la región. No permitir que creen grandes campos de entrenamiento y planeen impunemente ataques contra la madre patria estadounidense. Esto puede ser cumplido».

Por cierto, ya dieron las cifras de julio: 66 soldados de EE.UU. muertos en Afganistán, el mes más mortal desde octubre de 2001. El récord lo tenía el mes anterior con 60 bajas mortales… Pueden consolarse diciéndose que están por debajo de la OTAN, que contó 103 en junio.

Y ¿saben qué dijo el 25 de julio en Afganistán el jefe de la Junta de Estados Mayores de EE.UU., almirante Michael Mullen? Que los niveles de violencia en Afganistán no solamente continuarán, sino que serán peores este verano.

Por supuesto, ahora declaran culpable a Wikileaks.

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