Estrellas y agujeros negros

Autor:

Miguel Ángel Valdés Lizano

¿Acaso estará en su sano juicio? Hace algunos meses la famosa cantante norteamericana Britney Spears se entregó a la Policía de Los Ángeles, para responder a los cargos por fuga de la escena de un accidente y por conducir sin licencia, según informaron canales televisivos y también varios sitios en Internet.

Lo más paradójico del suceso radicó tal vez en que la diva acudió a las autoridades con una peluca rosada y acompañada de un perro poodle, mientras saludaba frescamente al público y a los fotógrafos presentes en el lugar.

El incidente se suma a su estela de escándalos y excentricidades, entre los que no se pueden soslayar las acusaciones por consumo de drogas, algo que la obligó judicialmente a presentarse a pruebas antidopaje dos veces por semana.

Así son los mitos que nos obsequian los medios en este mundo globalizado capitalista. Muchos jóvenes, en mayor o menor medida, absorben estos patrones como esponjas especiales.

Somos humanos, no estamos libres de influencias. Toda generación ha tenido sus ídolos. Tal vez Aquiles, si de veras existió, irradiaba sus virtudes sobre los muchachos de su tiempo. Después vendrían otras «estrellas», para etiquetarlas con el término de la época contemporánea: Cid Campeador, Da Vinci, Darwin, Houdini, Marilyn Monroe, The Beatles…

Sin embargo, ese afán humano de encontrar un referente en personas dignas de admiración, pasa hoy muchas veces por la artificialidad construida desde fenómenos como la publicidad, a diferencia de otras épocas, cuando los triunfos genuinos constituían carta de éxito a los ojos de los contemporáneos o sus descendientes mediante la tradición oral.

En el mundo de la cultura se fabrican hoy «talentos» que luego Hollywood o las grandes transnacionales de la comunicación mundial nos venden. Como cualquier proceso industrial se mixtifica o sobredimensionan, es decir, se inflan estas estrellas, a veces sin las verdaderas condiciones artísticas que nos quieren hacer reconocer.

Detrás de estos artificios está el interés no solo de vender, sino también de imponer conductas, formas de pensar. No obstante, por lo general esas estrellas de neón tienen vida efímera.

¿Cuántas veces nos hemos preguntado por el destino de algún cantante o actor, cuando sus nombres se pierden en el éter? Simplemente son tragados por modismos, desplazados por otros luceros temporales. Así está diseñado el sistema.

Entonces se convierten en cometas y solo nos legan sus estelas: el recuerdo. En el mejor de los casos se retiran a la vida privada y familiar, amparados por considerables fortunas. Otros, cegados por el triunfo coyuntural, no piensan en el mañana, y viven el momento, sumergidos en excesos.

Con frecuencia no se resignan al anonimato y convierten sus desgracias en maneras de reconquistar atención pública y dinero. De estas pobres almas, envueltas en escándalos, nacen verdaderos agujeros negros.

Ahora recuerdo una información bastante deprimente, transmitida por una televisora comercial, que hablaba sobre un José José, viejo y fracasado, sin voz como consecuencia del alcohol. En un intento por evitar el naufragio total, el antiguo galán de la balada latinoamericana incluso culpó ante los medios a su antigua esposa por la afección de sus cuerdas vocales, como consecuencia de lo que catalogó como hechicerías. Aquello fue como pan caliente para la «prensa»...

El star system capitalista utiliza a las personalidades, y no solo como instrumentos para manipular, sino que también las convierte en víctimas.

Triste final el de algunos de los que un día formaron parte del sistema de estrellas. En esa constelación también se aplica esta ley astronómica: las estrellas nacen, se desarrollan y mueren. Nada, a veces es mejor no pretender alcanzar ese firmamento.

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