Los remos, el arca

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Alguien incapaz de asumir la dialéctica y de abandonar comodidades mentales, masculla aprensiones y temores con la apertura al trabajo no estatal, como si el país fuera a atomizarse en tenderetes y vendutas. Como si ensayáramos una nanocaricatura de capitalismo.

Y este servidor, desde la perspectiva serena que proporciona el pensamiento positivo, mira hacia un horizonte económico que apenas empieza a definirse. Con no pocas dudas e interrogantes, vislumbra que esta asunción sin precedentes del trabajo no estatal y otras figuras afines, no podrá ser mero corolario del desinfle de plantillas, ni adecuación a regañadientes de un socialismo terco al cambio para más socialismo.

El trasvase gradual de un segmento respetable de la fuerza laboral hacia esos espacios, de lograrse con transparencia, control y sensatez, dinamizará importantes espacios de la circulación monetaria en la producción de bienes y servicios, elevará la iniciativa personal y la creatividad, aligerará cargas al Estado y nutrirá de riquezas a esa arca de todos que es el Presupuesto de la nación. Aun cuando habrá que seguirle el rastro a las articulaciones y los cómos de este proceso, para que no deje cabos sueltos por donde aborte, me atrevo a soñar que daría más plenitud y variedad al socialismo y menguaría sus monotonías.

Más le interesan a este observador —no precisamente desde las gradas— los vuelcos que debe dar irremisiblemente el eje primario o pivote en torno al cual se decide el futuro de nuestro sistema: la empresa estatal socialista, el surtidor de la reproducción ampliada y de los valores agregados. La gran tributaria o no de nuestro desarrollo y bienestar. La garantía de que no se extravíe la justicia social y el pensar en todos y trabajar por todos.

Si las periferias no estatales de la economía logran interconectarse orgánicamente con ese nervio central que deberá ser una empresa socialista moderna, eficaz, flexible y autosuficiente, muchos gallos cantarían.

De nada valdrían cambios en el “protoplasma” desarticulados de ese núcleo estatal que vindique la Ley de Distribución Socialista y beneficie a los capaces y esforzados. Una empresa que conjugue los intereses del país, el colectivo y del individuo, este personaje tan supeditado en las prácticas tradicionales del llamado socialismo real. Una entidad que cumpla con las estrategias y tácticas centrales y a la vez se libere de las amarras y alcance libertades horizontales y potestades. Un nervio central que pueda ofrecerle esperanzas y sueños al que trabaja en ese crucial espacio.

Ahora que se abren una vez más las posibilidades de un  debate nacional previo al Congreso del Partido, es la gran oportunidad para nutrir y airear esos proyectos de Lineamientos con la intuición y el sentir del pueblo, para que los sueños no queden anclados. Para que dejemos atrás cuanto nos inmovilice y adormezca, y erijamos ese socialismo pleno y sin dogmas, libre y participativo, por el que sigue aguardando la utopía de la redención humana.

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