Truhanerías de la diplomacia estadounidense

Autor:

Juana Carrasco Martín

El Departamento de Estado agarrado in fraganti. Así ha quedado la «diplomacia» estadounidense cuando Wikileaks expuso 251 000 documentos —buena parte de ellos informes secretos de sus embajadas— reveladores de las conjuras, complots, maniobras sucias, torceduras de brazos, conspiraciones, intrigas, manejos y otras «malandrinadas» —llámelas usted como quiera—, puestas en práctica para mantenerse como superpoder imperial dominador del mundo.

Para explicar lo acontecido, el periodista e historiador progresista Norman Solomon afirma que cuando el Gobierno de Estados Unidos lleva más de nueve años en guerra y no ve la luz al final del túnel, el Departamento de Estado, al igual que el Pentágono, está sirviendo de forma general a las prioridades todas de un estado belicista. «Los militares y la diplomacia de la nación son partes en movimiento de la misma y vasta maquinaria de guerra».

Los papeles de Wikileaks demuestran, con este desenmascaramiento de planes perversos, lo que todo el mundo sabía, aunque no en tales detalles o reconocimientos: que EE.UU. hizo alianzas tradicionales con dictadores asesinos, tiranos corruptos, señores y traficantes de la droga; que espió a muchos jefes de Estado; que, abierta o de forma encubierta, organizó golpes de Estado.

Pero estos archivos de ahora orean al aire libre los más recientes trapos sucios de Washington. Nos interesa ver algunos de los que tratan de nuestro continente, de los ataques contra Cuba y Venezuela, de sus orientaciones de espionaje a Paraguay y a la presidenta Fernández de Kirchner, su papel en el golpe militar en Honduras, la defensa a ultranza de sus intereses económicos en la región, y mucho más…

Como en otras tantas veces, las autoridades y sus adláteres acudieron prestos a lanzar acusaciones contra Wikileaks y sus hacedores, con el argumento de que constituyen un «peligro» para la democracia y la libertad y tales revelaciones solo le dan alimento al «enemigo».

«Condenamos enérgicamente la revelación no autorizada de documentos clasificados y de información sensible para la seguridad nacional», dijo apresuradamente la Casa Blanca, siguiendo idéntico procedimiento al de la administración Bush, el hijo.

Por eso recibió apoyo de sectores de la ultraderecha, como el caso del senador Joseph Lieberman, quien aseguraba que Wikileaks minaba la habilidad del Gobierno estadounidense y sus socios de «mantener segura a la gente y trabajar juntos para defender nuestros intereses vitales», y esto último es lo que de verdad les preocupa.

Las palabras se traducen en hechos, acordes con las nefastas políticas que salen a la luz pública ahora. Un ataque en la web fue lanzado contra el servidor del sitio que filtró los cables de la diplomacia de EE.UU., y hacía imposible acceder a él aproximadamente a las doce de la noche de este 30 de noviembre; pero ya Wikileaks, previendo lo posible, había tomado la precaución de albergarse en otras tres direcciones IP separadas. Esas agresiones provienen de hackers supuestamente individuales y sin nexos con las instituciones gubernamentales de EE.UU.

Sin embargo, para buena parte de los norteamericanos que todavía creen en su sistema, la falta de transparencia por parte del Gobierno y de un control sobre sus acciones son las que minan la democracia y permiten que crezca la desconfianza sobre sus gobernantes.

Cuando pudiera parecer que no le queda nada a Wikileaks por desmontar públicamente, ya anuncia que próximamente desnudará ante todos a un importante consorcio bancario… Seguiremos informando: el mundo debe saber cómo los superpoderosos ven y desgobiernan al planeta.

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