Bajo el paraguas de Wikileaks - Opinión

Bajo el paraguas de Wikileaks

Autor:

Juana Carrasco Martín

Es una amalgama de circunstancias, y todas apuntan a la manipulación más burda para intentar disminuir las relevaciones de Wikileaks sobre la política exterior del imperio washingtoniano. Julian Assange, la cabeza visible de la red que ha puesto a temblar a más de uno, fue detenido en Londres bajo el cargo impuesto en Suecia de que «violó» a dos mujeres, adultas por más, y que basan la acusación ridícula en que se rompió el preservativo mientras practicaban el acto sexual, por tanto, se sienten perjudicadas.

Y la Interpol salió a la caza, como si no sobraran en el mundo verdaderos violadores o redes de pornografía infantil o trata de blancas o de mujeres de cualquier color o edad, o como si no fuera uno de los negocios más gananciosos el narcotráfico o la compra-venta de armas para guerras genocidas, etc., etc., etc.

No fueron pocas, entre las más poderosas publicaciones, las que hicieron de este suceso la gran noticia digna de comentar (la supuesta violación), y por ahí pretendieron el desvío de la atención para ocultar la esencia: los trapos sucios de Estados Unidos puestos a orear ante el mundo entero.

El otro intento de tender un velo sobre los vínculos estadounidenses y su responsabilidad con dictaduras, oligarcas y corruptos en muchos rincones del planeta, consiste en denunciar a Assange y a Wikileaks por poner en peligro la seguridad nacional de EE.UU. y algunos de sus más poderosos socios, cuando en realidad el riesgo verdadero proviene de la perenne injerencia de la Casa Blanca, el Pentágono, la CIA, el Departamento de Estado y otros órganos de gobierno en los asuntos internos de otros países, incluso hasta llegar a la intervención y la guerra.

Y una tercera maniobra hace piruetas en titulares de prensa y versiones noticiosas para decir que Wikileaks «dice, afirma, asegura» insidiosas observaciones sobre tal o más cual nación o jefe de Estado —casi siempre ubicadas en las listas «enemigas» de EE.UU.—, cuando se trata de opiniones, comentarios, informaciones y análisis calumniosos o malévolos de diplomáticos, funcionarios y agentes del imperio sobre estos países y líderes, con la pretensión de dividir, romper lazos de hermandad, obstaculizar procesos integracionistas, o conversaciones en busca de la paz.

Pero es otro el sentimiento que predomina en un mundo dispuesto a la verdad, la justicia, la honestidad y muchas otras virtudes esenciales que no cuentan para nada en los baúles imperiales.

Por ejemplo, una organización paquistaní ha propuesto que a Julian Assange le sea otorgado el Premio Nobel, y ¡sorpresa!, el diario The Washington Post consideró en un artículo de opinión que era una «mala idea» procesar al australiano por violar la Ley de Espionaje, porque de esa Acta «se abusa muy fácilmente» además de que no es espía quien no tiene por qué guardar los secretos que el país no supo guardar. Por supuesto, el Post pone la mira sobre los funcionarios que filtraron los documentos.

Y en estas circunstancias de los pro y los contra sobre Wikileaks, el bando a favor sigue creciendo, la comunidad cibernauta lanza sus ataques sobre el stablishment, y la infraestructura en la web encuentra unos tras otros los servidores y los sitios espejos que en todo el mundo siguen filtrando y revelando los comprometedores documentos.

Aunque Assange esté en la cárcel, a EE.UU. nadie lo levanta del banquillo de los acusados, y eso que para el año 2011 será el anfitrión del Día de la Libertad de Prensa Mundial, con el lema «Los medios del siglo 21: Nuevas fronteras, nuevas barreras». Sin duda, las barreras de Washington.

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