Calentando la calle en Venezuela

Autor:

Juana Carrasco Martín

CARACAS.— La advertencia está hecha: «No les vamos a permitir a estos enloquecidos señores de la extrema derecha que lleven a Venezuela al caos». Así lo dijo el lunes el presidente Hugo Chávez, al exhortar al pueblo a mantenerse alerta ante cualquier intento de crear situaciones que atenten contra el orden constitucional con la intención de derrocar al Gobierno bolivariano.

Y todo viene por los constantes llamados a la desobediencia civil que hace la oposición para el nuevo año, cuando se ha trazado boicotear a la Revolución desde sus curules en la Asamblea Nacional, donde entrará en son de guerra el 5 de enero próximo, y para lo cual ya bate tambores.

Y no son estas conjeturas o vaticinios sin sustento real; se puede avizorar con una mirada simple al panorama político, escuchar las declaraciones de los dirigentes de aquellos partidos que en abril de 2002 participaron en el golpe de Estado —y no cejan en ese empeño—, y se escuchan o leen los desaforados comentarios de ciertos periodistas carentes de la más mínima ética profesional.

Las condiciones precarias para miles de venezolanos de las clases más humildes, provocadas por las lluvias, son manipuladas en una concertación con fuerzas de la extrema derecha internacional, injerencistas natos, mentirosos contumaces y manipuladores por excelencia.

Cualquier acción gubernamental es objeto de esa campaña a la que Washington ha apostado millones de dólares que se reparten con júbilo en los barrios altos de Caracas y en otros estados. Y los epítetos resultan jabón muy usado para el lavado de cerebros: «dictadura», «superpoderes», «atentado a la propiedad privada», «censura»…

Los del exterior no son ataques a título personal, o desde organizaciones supuestamente no gubernamentales, o medios que alegan libertad de expresión. Es una agresión oficial de quienes se consideran gendarmes del mundo.

Hace pocos días, el vocero del Departamento de Estado, P. J. Crowley, dijo que la Ley Habilitante busca «formas creativas para justificar poderes autocráticos», y que lo que Chávez está haciendo «es subvertir la voluntad del pueblo venezolano».

Y la extremista anticubana de la Florida al frente de los  republicanos en la Cámara de Representantes de EE.UU., Ileana Ros-  Lehtinen, con el lenguaje ordinario y conminatorio acostumbrado, aseveró: «Naciones responsables en la región y por todo el mundo tienen que finalmente responsabilizar a Chávez por sus acciones dictatoriales».

El sarpullido les llega con la Ley Habilitante, aprobada el viernes 17 para que el Presidente pueda actuar con la celeridad necesaria a fin de atender las necesidades humanas urgentes de un país en emergencia, y por la Reforma de la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión para que abarque también a los medios digitales, certificada al abrir esta semana por la Asamblea Nacional y a la que han tildado de «censura a Internet».

En ese desenfrenado rechazo a todo lo que proponga o haga Chávez y su equipo de Gobierno, poco les importa obviar una realidad reconocida hasta por la UNESCO: el servicio de Internet a disposición de 300 000 suscriptores en el año 2000, ahora está al acceso de siete millones y medio de personas.

¿Qué molesta realmente a los detractores? Las disposiciones que sancionan mensajes que promuevan el odio, la intolerancia, la propaganda de guerra, los que puedan incitar el incumplimiento del ordenamiento jurídico, que incluya a los proveedores de servicio de Internet y medios electrónicos y, sobre todo, aquellos mensajes que inciten al delito, sean manipulaciones mediáticas dirigidas a fomentar la zozobra, a desconocer a las autoridades legítimamente constituidas y los que pudieran inducir al magnicidio.

¿Acaso es paranoia por parte del mandatario, como intentan inculcar en la población venezolana?

Nada de eso, es una realidad que ese es el contenido mayoritario en no pocas páginas venezolanas de Twitter, Facebook, blogs y comentarios de prensa.

Quizá el ejemplo más conspicuo de las reales intenciones sea el diálogo entre un periodista de CNN desde Miami con un político de la oposición, en la que el entrevistador dice que la fórmula para acabar con Chávez es hacer que se reúna lo más pronto posible con el Supremo Hacedor.

Los cañones de la derecha disparan fuerte y, como aquí se dice, calientan la calle…

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