Lazo, genio y figura

Autor:

Juventud Rebelde

Carismático como el mismísimo Víctor Mesa, el gigante Pedro Luis Lazo deja un vacío tremendo al despedirse hoy del béisbol cubano. Siento que se va el mejor pitcher de la pelota revolucionaria.

Seguramente usted tiene otros candidatos —Alarcón, Hurtado, Aquino, Curro, Changa, Huelga, Vinent, Rogelio—, pero aquí lo rico es discutir de pelota. Viene el fin de año y el tema es ideal para cualquier sobremesa.

Permítanme defender mi teoría con algunos datos elocuentes. Dígame usted cuántos lanzadores fueron capaces de acumular más de 200 triunfos en series nacionales, más de 2000 ponches, un promedio de victorias y derrotas por encima de 600 (de cada diez juegos gana seis), y una efectividad inferior a las 3,50 carreras limpias por juego.

Además, ¿cuántos lanzadores ponchan más de seis bateadores por partido como promedio y regalan menos de tres boletos?

Pues bien, solo hay un pitcher que reúne todos esos requisitos juntos: Pedro Luis Lazo. Ojo, Rogelio y Vinent se le acercan bastante, pero el Ciclón de Ovas concedió casi cuatro boletos por juego y el Meteoro de La Maya no llegó a 600 como saldo de victorias y derrotas. Tampoco Vinent ponchó a seis bateadores como promedio por cada desafío (ver tabla adjunta).

Pero Lazo también se consagró en los play off, donde aumenta la presión y no es fácil presentar credenciales. Veamos: lanzó 72 juegos en postemporada (inició 48), completó 26, ganó 29 (segundo detrás de Vera, quien lleva 33), salvó siete (Yolexis Ulacia tiene diez), propinó seis lechadas y ponchó a 311 bateadores.

Lazo se fajó con todos los equipos grandes en play off. Dominó ampliamente a Industriales, pues a los azules les ganó 15 juegos y perdió seis. En cambio, tuvo un saldo parejo con Villa Clara (2-2) y quedó por debajo frente a Santiago (2-4).

Contra los demás rivales que vio en play off, Lazo tuvo resultados contrastantes: dominó a Sancti Spíritus (4-2), quedó «chao» con La Isla (2-2), y se inclinó ante (La Habana (4-5) y Cienfuegos (0-2).

En todos estos años, el gigante pinareño consiguió que medio mundo se aprendiera su nombre por sus actuaciones con el equipo Cuba. Todos recordamos al Lazo inmenso del primer Clásico Mundial.

Es cierto que flaqueó algunas veces, pero entre ellas solo subrayo dos juegos memorables: contra Estados Unidos en la final olímpica de Sydney 2000 y frente a los Orioles de Baltimore en el Latino. En esos días comprendí que Lazo no era de hierro.

Se trata de un cubano real, que fuma tabaco y disfruta el vacilón sin pudor. Siempre contamos con él, en las buenas y malas.

De vez en cuando pierde la rosca, pero no la sonrisa. Esa es otra lección que nos deja Lazo.

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