¡Solavaya, que se lo lleve el viento!

Autor:

Lázaro Fariñas

Si en la política de la Florida estuviésemos jugando póquer, podríamos decir que tenemos trío de dos, y si estuviéramos jugando cubilete, que pusimos tres negros en toda la noche. Digo esto porque en las últimas elecciones de este estado, fueron elegidos los peores tres candidatos que uno podía imaginarse para el puesto de gobernador estatal, Senado y Congreso federal. Increíble, pero así fue. No se puede concebir que los tres candidatos a esos puestos hayan sido electos, después de conocerse públicamente la trastienda de cada uno de ellos. Tal parece que a la mayoría de los votantes de este estado no le importa lo corrupto que pueda ser un individuo para elegirlo como su representante.

Las tres perlas acaban de tomar posesión de sus cargos. Los tres juraron sobre una Biblia que iban a defender la Constitución. Habría que preguntarse cómo. Recordemos aquello de que, «Perro huevero, aunque le quemen el hocico».

Ya en otro comentario anterior les conté a los lectores de JR lo que el ahora gobernador de la Florida había hecho con el programa de salud de los Estados Unidos, conocido como Medicare. El flamante gobernador tuvo que devolverle al Gobierno federal la pequeña suma de 1 700 millones de dólares que le había estafado. Parece que se quedó con otro tanto, porque en las elecciones en que triunfó se gastó muchísimos millones de su peculio personal.

También les conté cómo el ahora senador federal, Marcos Rubio, utilizó ilegalmente la tarjeta de crédito del Partido Republicano para pagar hasta las hamburguesas que se comía. Miles y miles de dólares cargó el caballero Rubio a la tarjeta de su partido, mientras era presidente de la Cámara de Representantes de la Florida. Después alegó que reintegró el dinero, pero no se supo nunca cómo lo hizo, ni cuándo lo hizo. Acaba de declarar en la toma de posesión en Washington lo siguiente: «Mis expectativas son muy claras y lo que quiero es ser el mejor senador de la Florida». Si es el mejor, me gustaría saber cuál ha sido el peor.

Pero el premio de los premios, el premio mayor, se lo ha llevado el nuevo representante federal, David Rivera, quien, aparentemente, siguió haciendo de las suyas aun después de lograr el triunfo electoral. Rivera, muy conocido en Miami por sus burradas en la introducción de leyes absurdas en contra de los viajes a Cuba, se ha visto envuelto en una serie de mentiras en relación con sus entradas económicas. El tontín de David no parece ser tan tonto como aparenta, ni tan idiota como luce. Cuando se le preguntaba de qué vivía, decía que era consultor de la Agencia de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos, la bien conocida USAID, por sus siglas en inglés. Pues bien, cuando le preguntaron a esa Agencia qué trabajo le hacía el representante, esta contestó que no tenía ni la menor idea de quién era el caballero en cuestión. Pero, ¿de dónde venían los ingresos de Riverita? Pues lo tenía bien escondido. Resulta que hace unos años, para ser más preciso, en septiembre del 2006, la madre de él y su madrina fundaron una compañía de esas que se fundan aquí en este país, que son medio fantasmagóricas y cuyas oficinas centrales estaban en la casa de vivienda de la mamá de Rivera. Un mes después de haberse fundado la compañía conocida por el nombre Millennium, esta firmó un contrato con el canódromo Flagler Dog Track y recibió por el mismo y como pago inicial, la cantidad de 510 000 dólares. Es decir, ¿que una compañía se forma y un mes después ya firma un contrato por más de medio millón de dólares? ¿Bondades del capitalismo o gato encerrado de la corrupción política? Pues bien, en lo último está la respuesta. David Rivera recibió, inmediatamente después de la firma del contrato, la cantidad de 132 000 dólares por asesoramiento, la cual ocultó y ahora dice haber pagado con intereses, sin que por ningún lugar se vea el pago de la misma, y sin que nadie se pueda explicar cómo es que el hombre que percibía 30 000 dólares de sueldo por su puesto de representante estatal, pueda haber saldado una deuda de esa cantidad en tan solo unos dos o tres años.

Los casos de estos tres funcionarios que acaban de tomar posesión de sus cargos en este estado demuestran el nivel de corrupción que existe en la política de este país. Si fuéramos a todos los niveles gubernamentales, tendríamos que salir corriendo y gritando a la misma vez: ¡Solavaya, que se lo lleve el viento!

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