Debut y despedida - Opinión

Debut y despedida

Autor:

Lázaro Fariñas

En el anterior comentario que escribí para JR, refiriéndome a la corrupción de algunos políticos floridanos (¡Solavaya, que se lo lleve el viento!, 11 de enero), recordaba aquel dicho de los guajiros cubanos, «Perro huevero, aunque le quemen el hocico». Pues bien, ahora, refiriéndome a la falta de tolerancia y de libertad de expresión que existe en esta ciudad, donde hace años resido, tengo que volver a utilizar a los guajiros cubanos y con la misma frase.

La Alianza Martiana, una organización de cubanos de Miami que se opone al bloqueo del gobierno norteamericano contra Cuba y que lucha por la existencia de una relación de respeto entre los Estados Unidos y la Isla, firmó un contrato con una compañía que se dedica a poner anuncios publicitarios en vallas anunciadoras alrededor de la ciudad para poner un mensaje en el que se pedía la liberación de los cinco cubanos que están, desde hace años, injustamente presos en las cárceles de este país. Simple y sencillo el mensaje «Liberen a los Cinco», con la fotografía de cada uno de ellos. No era un mensaje amenazador, no era un mensaje grosero; simplemente era un mensaje de reclamo de justicia por parte de unos cubanos buenos, para otros cubanos dignos.

El solo hecho de la colocación de ese mensaje en medio de esta ciudad donde ellos habían sido condenados, podía ser indicio de que en algo había cambiado la mentalidad imperante de esta comunidad. ¡Qué equivocados estaban los que llegaron a creer que eso era realidad, qué equivocados los que se hicieron la ilusión de que la ultraderecha cubano-americana de Miami se había transformado y que ya podía reaccionar en una forma racional ante la tolerancia!

Solo bastaron horas para que las turbas, las mismas que aplastaron CD’s frente a un restaurant de la Calle Ocho, las que le cayeron a mordidas a la bandera de México frente al consulado de ese país, se presentaran ante la valla de los Cinco y empezaran a tirarle piedras, y como hienas desesperadas, bramando el deseo de destruirla, como si fuera una presa fácil de devorar. No se la devoraron, pero sí lograron —por supuesto, con las llamada telefónicas de sus jefes, las presiones económicas y las amenazas— que la compañía que firmó el contrato con la Alianza Martiana decidiera, a menos de 24 horas de haberla instalado, mandarla a desmontar. Sin explicación ninguna, menos de 24 horas después de haber sido puesta la valla que pedía la liberación de los cinco compatriotas presos en este país, fue retirada. Fue debut y despedida.

Que nadie se llame a engaño: la intolerancia política en Miami sigue siendo la misma. Que nadie se llame a engaño: en lo que a Cuba se refiere, los que la defendemos en las calles de esta ciudad estamos en desventaja. Que nadie se llame a engaño: la ultraderecha cubano-americana, aliada al Tea Party y a las peores causas sociales que puedan existir, sigue teniendo el poder económico, político y mediático en esta ciudad. Son los que controlan los medios de comunicación y por su poder económico y político controlan lo que se oye y se dice en este Miami nuestro, lleno de cubanos que quieren a su país, pero también lleno de «odiadores» que desprecian al país que, por desgracia, los vio nacer en su tierra.

La intolerancia sigue campeando por su respeto en esta ciudad, que más parece una ciudad bananera que una ciudad moderna norteamericana. La enmienda que defiende el derecho a la libertad de expresión en la Constitución de los Estados Unidos existe solo en papel en esta ciudad. Cuando se afirma que los cinco cubanos que fueron procesados y condenados en Miami no pudieron tener un juicio justo, no se está diciendo una consigna, se está afirmando una realidad. Quitar la valla anunciadora confirma una vez más esa triste realidad.

El Gobierno norteamericano, ya que aparentemente no puede impedir que la libertad de expresión en esta ciudad, en relación con el tema cubano, se viole, sí tiene en sus manos los medios para rectificar la injusticia que se ha cometido contra los cinco cubanos antiterroristas durante los juicios celebrados en Miami. El Gobierno tiene, con una simple firma presidencial, la potestad para liberarlos.

*Periodista cubano radicado en Miami.

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