Un penalti por la lechuza

Autor:

José Luis López

En el fútbol se sancionan las patadas de un defensa a un delantero provisto de buen olfato goleador, y en muchas ocasiones un golpe o empujón deviene último recurso para abortar una peligrosa jugada de ataque rival.

Pero en la Liga de Colombia, una brutal acometida del zaguero panameño Luis Moreno, del club Deportivo Pereira, le ha provocado el desprecio de todos los ciudadanos.

Corría el minuto 74 del juego entre su equipo y el anfitrión Atlético Junior de Barranquilla, cuando Moreno le pegó una violenta patada a una lechuza que en los últimos meses se había convertido en talismán del conjunto.

Permítanme «radiografiarles» lo sucedido. El ave, que vivía en el techo del estadio Roberto Meléndez, salió de su nido y se posó cerca del área. Así, no tardó mucho para recibir un golpe que la dejó aturdida en la grama cuando un jugador despejó el balón de la zona de peligro.

Hasta ahí todo hubiese sido una de tantas eventualidades de las que no está exento el deporte. Pero Moreno se le acercó, y cuando los hinchas creían que la auxiliaría, el jugador de 29 años le dio la patada para sacarla de la cancha. En ese momento, el Junior vencía 2-1 —así terminó el duelo— y le estaba recetando un baile de buen fútbol al Pereira.

Cuando los zagueros y volantes de contención son incapaces de recuperar balones, merced al buen tino de los delanteros y mediocampistas rivales, siempre recurren al último acápite del «librito de fútbol»: golpes y más golpes.

Y Moreno, un defensa sin glorias en el torneo colombiano, lo incluyó en su fatal filosofía de juego. Pero esa impotencia competitiva, o esos sórdidos sentimientos —vaya usted a saber—, nunca debió reflejarlos en el cuerpo de un ave. Si se sentía tan ultrajado por el toca-toca del oponente, y a pesar de que siempre estaré en contra de la violencia en el fútbol, ¿por qué no golpeó, por ejemplo, al ariete Luis Pérez, quien marcó el gol que sentenció el triunfo del Junior de Barranquilla?

El lunes la lechuza fue atendida en una clínica veterinaria, donde le inmovilizaron una pata que resultó fracturada. Y poco a poco, mostró síntomas de recuperación. Pero en la madrugada del martes entró en estado de shock y falleció. Según la primera hipótesis veterinaria del Departamento Administrativo Distrital del Medio Ambiente, «se habría muerto por acumulación de ácido láctico, debido al estrés por los golpes y la manipulación».

«Creo que si hay sanciones hay que tomarlas. Quiero pedirle disculpas al país, porque esta situación no volverá a pasar; fue más por la calentura del partido», expresó Moreno.

Finalmente la sanción impuesta a Moreno consistió en dos fechas de suspensión y una multa de 560 dólares. «El animal era prácticamente un símbolo de la afición barranquillera y, dado que la agresión se efectuó en su propio estadio y a la vista directa de todos los asistentes, tal actitud puede interpretarse con el alcance de provocación al público», precisó la resolución de la Comisión disciplinaria de la División Mayor del Fútbol Profesional.

Los restos de la lechuza serán incinerados, al no ser posible disecarla. Y Moreno, ¿seguirá pateando en una cancha de fútbol?

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