La hipocresía de Occidente

Autor:

Lázaro Fariñas

Los acontecimientos que en las últimas semanas han estado ocurriendo en el norte de África y la reacción que ante los mismos han tenido Estados Unidos y los países europeos, me traen a la mente aquello de «haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago», y esa otra frase de que «todo es según el color del cristal con que se mire».

Lo primero es lo que los países del llamado Primer Mundo le están diciendo al Gobierno del coronel Gaddafi. Lo segundo es cómo la gran prensa de Occidente está informando sobre los acontecimientos en aquel país africano.

Hasta el Tribunal Internacional de La Haya declara que va a comenzar una investigación para acusar al régimen libio de masacrar a civiles indefensos, al bombardear ciudades tomadas por las fuerzas rebeldes. Sería bueno preguntarse dónde estaba ese tribunal cuando las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) bombardeaban las ciudades de Kosovo o cuando las fuerzas militares de Estados Unidos bombardeaban Bagdad, donde miles de civiles cayeron, víctimas de aquellas atrocidades. ¿Dónde estaba esa gran prensa internacional que nunca llegó a crear una campaña contra esas masacres que ocurrieron en Kosovo, Iraq y que aún siguen ocurriendo en Afganistán?

Para los grandes medios, todo es según del color del cristal con que se mira. Es por eso que, para ellos, hay bombardeos que son necesarios y otros que son masacres, depende de quién sea el que bombardea. Hace solo unos días, mientras los grandes periódicos y cadenas de televisión estaban condenando al Gobierno de Gaddafi, el jefe de las fuerzas de la OTAN en Afganistán, el general David Petraeus, tuvo que ofrecer excusas por el asesinato de nueve niños afganos, víctimas de su fuerza aérea.

Esa es una noticia que dura apenas los segundos en que sale al aire o se escribe en los periódicos. Luego nadie habla de ella, ni se crea una campaña alrededor de la misma.

Hasta hace muy poco, el Gobierno de Estados Unidos tenía a Libia en la lista de los países presuntamente terroristas. De pronto, de la noche a la mañana, el Gobierno del presidente Bush la sacó de ella. Hay que recordar que, unos años atrás, el Gobierno norteamericano bombardeó Trípoli, incluyendo la residencia del líder libio. Al quitar a ese país de la lista de países presuntamente terroristas, Bush empezó una política de acercamiento a Gaddafi. Decenas de billones de dólares provenientes de esa nación fueron depositados en los bancos estadounidenses y toda la retórica agresiva contra Libia cesó.

Pero no fueron solo los norteamericanos los que comenzaron a establecer una política cordial con el Gobierno de Gaddafi. Los europeos se sintieron muy complacidos por las millonarias inversiones que este empezó a hacer en Francia, Alemania, Italia, etc. España comenzó a venderle toneladas de armas. La prensa internacional puso a un lado las críticas y los ataques contra los libios: las ganancias los borraron, los intereses capitalistas se impusieron.

Sin embargo ahora, al comenzar la revuelta popular, le han virado la espalda. Ahora hay que demonizar otra vez al coronel Gaddafi, hay que satanizarlo, exigirle que renuncie y hasta llevarlo a un tribunal internacional por crímenes contra la humanidad.

Les recomiendo que tengan cuidado con lo que desean. Bien les podría salir el tiro por la culata y acaben saliendo de lo que ellos piensan es un mal conocido para entrar en otro, mucho peor, por conocer.

 

*Periodista cubano radicado en Miami

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