¿Flaco favor?

Autor:

Ricardo Ronquillo Bello

Una revolución se funda sobre la amplitud y la plenitud de la justicia, no sobre una cadena de favores. Ello debe ser luz en el sueño de Cuba, pero no faltan sombras que intenten opacarla.

Hay caminos que nos pueden conducir a una amistad funesta, medité ya alguna vez en este espacio, parafraseando el título de una novela del Apóstol.

Modos alternos de encontrar cauce a ciertos traumas de la vida; «derivadas de la compleja matemática de la existencia», en las que estamos envueltos desde que la Revolución se vio casi a solas, pujando por levantarse y reubicar la brújula de su destino.

Entonces recordaba que en este país echó hondas raíces el culto a la amistad, que ha llegado a convertirse en sentimiento sagrado. Lo peligroso es la distorsión social de sus esencias; trastocar la pureza de su inocencia y la limpieza de sus formas en ingredientes para subvertir los valores éticos y de sensibilidad social y comunitaria.

En un comentario bajo el título: El sociolismo «oficial», recordé el adagio que se había construido alguien a quien aprecio mucho, y que regala a aquellos a los que ve enredarse en vericuetos institucionales o de servicios.

Cuando no encuentres adecuados servidores públicos nunca olvides que existen buenos socios, proclama. Y le agrega a su receta o filosofía existencial que no debemos complicarnos en buscar explicaciones, y mucho menos en reclamaciones.

Si se traba el paraguas córrete por la izquierda, por la tangente. Dedícate a encontrar un amigo, o a un amigo de tus amigos. Ellos harán en muy poco tiempo lo que de otra manera te puede llevar meses o años, o te provocará ataques de nervios, arguye.

No pocas experiencias de la cotidianidad le dan aún hoy parte de razón, sobre todo en un escenario donde no faltan fragilidades institucionales e insensibilidades personales. Y en un tema en el que, por las condiciones de estos años, habría que repetir aquello de que «lance la primera piedra el que nunca haya pecado».

Es evidente que al amparo de esos métodos se desarrolló el uso de influencias. Esta constituye, consideré también aquí, otra variante de «mercado subrepticio», en este caso de especiales servicios, muy personales, y en oportunidades con regalos materiales de por medio.

Sus manifestaciones se extienden a varios espacios del país, y se hace más evidente en sensibles servicios públicos, en un fenómeno preocupante, pues está por medir el daño real que nos provoca esta sinuosa red o telaraña invisible que en buen criollo llamamos sociolismo.

Aunque algunos la menosprecian como tendencia, hay que estar alertas, pues por sus características, contratiempos y consecuencias se emparienta con otros fenómenos muy nocivos para la sociedad.

Bajo su sombra muchos trapos sucios pueden lavarse o dirimirse fuera de los conductos oficiales, innumerables deficiencias y debilidades institucionales dejan de ser expuestas o denunciadas de forma debida, y si bien puntualmente se resuelve el problema de algunos, pudieran marginarse o desplazarse las urgencias de muchos.

Por eso se agradece que la Revolución intente profundizar su cauce institucional, y en las razones económicas, sociales o políticas que provocan semejantes deformaciones. Para que la estructura social discurra solidaria y transparente, sin el requerimiento de los favores.

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