Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Aznar en sus andadas

Autor:

Lázaro Fariñas

«El caballerito Aznar», como en su día bautizó Fidel a José María Aznar, ha vuelto a sus andadas. Desde una ciudad de la comunidad de Madrid, ha lanzado el grito de «libertad para los cubanos». Libertad que, según él, se consigue lanzando bombas sobre la Isla. Este personaje ahora viene con el cuento de que la defensa de la libertad de los pueblos hay que buscarla utilizando cualquier medio posible.

A este señor parece que no le basta con lo que ayudó a hacer en Iraq, donde decenas de miles de civiles murieron por culpa de él y sus amiguitos ingleses y norteamericanos cuando las bombas inteligentes, y las brutas, cayeron en racimos sobre las ciudades. Tanto él como Blair y Bush deberían estar frente a tribunales internacionales, juzgados por genocidio y no pidiendo, como ahora, que se repita en otros países lo que ocurrió en Iraq.

De entrada, habría que preguntarse de qué libertad está hablando este caballero. ¿De la libertad que existe hoy en día en Iraq? ¿De la que existe en Afganistán? ¿En Honduras? Los regímenes que gobiernan esos países son apoyados por Aznar y sus compinches, y la libertad en la que estos creen es la libertad que existe entre los muertos de los camposantos.

Los españoles no deben olvidar que los trágicos sucesos de la estación de ferrocarril de Atocha fueron culpa directa de este señor por haber hundido a España en una guerra cruel contra Iraq. Se sabe perfectamente que, si su Gobierno no hubiese sido cómplice en la criminal invasión a aquel país, es muy difícil que hubiese existido tan grotesco acto terrorista contra personas inocentes, quienes nada tenían que ver con las decisiones de un fascista que fungía como presidente del Gobierno español. Todavía peor: sabiendo que los vascos no tenían que ver con el atentado, trató de culparlos para que no salieran a la luz pública las verdaderas razones de tan criminal acto dinamitero.

Es muy fácil, para una mentalidad como la de Aznar, pedir el derrocamiento por la fuerza de Gobiernos que no son afines a su ultraderechista posición. En definitiva, como las bombas no van a caer en el patio de su casa, qué importa que caigan en las casas de sus vecinos.

Cuando le levantaron las sanciones al Gobierno de Muammar al Gaddafi, el primero que salió corriendo para Trípoli fue este «caballerito»; corriendo para llegar primero a ver qué podía sacar de la decisión de Occidente de levantar las sanciones a aquel país.

Allí fue míster Aznar a congraciarse con el mismo mandatario al que hoy llama tirano. El amigo de ayer es el sátrapa de hoy, al que hay que bombardear y sacar del poder para llevar la «libertad» al sufrido pueblo libio. Y me vuelvo a preguntar, cuando se abrazaba con el presidente libio, ¿dónde estaba entonces la libertad del sufrido pueblo?

Además de ser indignantes, las recientes declaraciones de este personaje son despreciables. Al pedir un bombardeo a las ciudades cubanas, este señor se merece el más absoluto desprecio no solo de los cubanos, sino de cualquier ciudadano del mundo civilizado.

Poco favor le hace a España haber parido hijos como José María Aznar y Valeriano Weyler, aquel gobernador español que organizó en Cuba lo mismo que años después un ídolo de Aznar creó en toda Europa oriental, los famosos campos de concentración. En esos campos creados por el general español murieron por desnutrición miles y miles de cubanos. No puedo asegurar que entre Valeriano y José María exista algún nexo familiar, pero puedo imaginarme que este último debe de tener genes que pertenecen al primero. Por lo menos tienen algo en común. Los dos nacieron en España, los dos han cometido actos genocidas: Valeriano en Cuba, José María en Iraq.

Cuentan que un abuelo de Aznar vivió en Cuba, y me vuelvo a preguntar: ¿sería hijo de Weyler? ¿sería Valeriano el bisabuelo del caballerito Aznar?

*Periodista cubano radicado en Miami

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