Patear un jonrón

Autor:

Abdul Nasser Thabet

El deporte ha sido mucho más que un mero entretenimiento, derroche incontenible de sudor y lágrimas, o adrenalina esparcida en cada terruño. Hace siglos que devino cultura, idiosincrasia, sangre de muchos pueblos y hasta bandera.

En esta Isla siempre se ha respirado en medio de la vorágine de cada jonrón, hit y atrapadas espectaculares. Sí, porque la pelota, más que pasatiempo nacional, es espíritu y razón de cada cubano, alegría y tristeza, sueño compartido.

Sin embargo, una disciplina no tan nueva se impone hace mucho como la más universal de todas. El fútbol se ha robado el protagonismo deportivo en todo el orbe, y los cubanos no escapamos a eso a pesar de nuestra pasión por los batazos.

Naciones altamente desarrolladas, países tercermundistas, pueblos indígenas y hasta esquimales demuestran a diario que patear un balón es el arte más demandado y ovacionado del momento. Ningún otro fenómeno reúne tantos seguidores a la vez. Ni los trazos de Van Gogh, la genialidad de Chaplin, o el virtuosismo de Mozart, pudieron congregar a tanta gente en un mismo espacio, gritando, llorando, gozando. Tantas emociones alrededor de una «simple» pelota.

Para nada pretendo comparar la plástica, el cine o la música con el deporte. Sería un acto sacrílego y carente de sentido, pues cada fenómeno es bello y grandioso por sí solo. Mi reflexión enrumba hacia otro lado. ¿Podremos los cubanos alguna vez apuntarnos en materia futbolística las victorias que atesoramos en planos beisboleros?

El próximo 11 de diciembre se cumple un siglo del primer partido de fútbol celebrado en Cuba. Casi cien años después este país, deportivo hasta los huesos, no ha podido —restando la incursión mundialista de 1938— incluirse en los planos estelares del show balompédico.

No podemos decir que adolecemos de falta de información en materia de fútbol. Si bien no nos sobra, tampoco faltan posibilidades de acceder —de una u otra forma— a los partidos y noticias más trascendentales a nivel internacional. Sin embargo, no es mirando como podremos anotar los goles.

Hemos buscado alternativas. Técnicos y estrategas de varios rincones del mundo, topes internacionales y giras por Europa y América han tratado de paliar la crisis en el nivel competitivo de la selección nacional. Pero, ¿y en la base qué? Los resultados no van a llegar por arte de magia y un jugador con más de 20 años ya debe estar formado física, técnica y estratégicamente.

Ahí nos perdemos. Queremos darle al Campeonato Nacional de fútbol el protagonismo que se merece, hacer de este un espectáculo, pero olvidamos la correcta formación de una cantera que no tenemos.

El propósito del INDER es darle prioridad al «deporte más hermoso del mundo» a la par del béisbol. Lograr que en cada barrio, en cada parque, debajo de cada «mata», haya un balón junto a decenas de niños pateando y gritando «Goooool»...

Con la ayuda de la FIFA nuestro Estado trata de inyectar un agregado «genético-futbolístico» al torrente deportivo de esta Isla. En mi opinión las «vitaminas» que hacen falta deben recibirlas los más pequeños, y no solo en escuelas deportivas. El saco del que debemos nutrirnos tiene que ser más grande si queremos recoger goles.

Claro que para crecer no basta con la voluntad y los recursos, pues no nos sobran técnicos y profesores de fútbol. Entonces, ¿quiénes van a instruir a nuestros muchachos? No hablo de los 30 o 40 especialistas que laboran en las Escuelas de Iniciación Deportiva, sino de los que se precisan para inundar cada centro de enseñanza, cada terreno.

No soy de los que opinan que lo nuestro es solo pelota, boxeo, judo, atletismo, lucha y voleibol. En tiempos no muy lejanos los triunfos en varios de esos deportes nos eran tan esquivos como los del fútbol hoy.

Creo que sí podremos asistir a un Mundial, y por qué no, ganarlo alguna vez. Solo falta orientar mejor los recursos, deseos y estrategias. Quizá un día se hable de fútbol y resulte inevitable aludir a Cuba junto a Brasil, Italia y Alemania, aunque para eso aún falte mucho.

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