La óptica de la sanación

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Con su «Catalejo», Buena Fe fustiga ese lente triunfalista para ver «de lejos» los lunares ajenos y no los nuestros como país. Y siguiéndole el juego a la alegoría óptica vindico hoy un microscopio de lo humano, que nos acompañe como un talismán en las grandes transformaciones a que están llamadas la economía y la sociedad de esta Isla querida.

Lo concibo como un cristal de aumento poderoso, una permanente mirada en detalle que nos proteja de darlo todo por sentado, sabido e inamovible, sin matices y particularidades; una aguda refracción que nos impida hartarnos y complacernos solo de los buenos deseos en el enfoque macroeconómico, de cifras e indicadores globales, sin palparles el rostro y los destinos personales a las políticas para un socialismo más pleno y eficaz.

De cara a los desafíos de la nación uno repara que hay que dejar atrás las visiones preconcebidas y globales y los enfoques verticalistas; que los grandes objetivos estratégicos de nuestro Estado deben entroncarse y horizontalizarse con los intereses y realidades del desarrollo local, los de una empresa socialista que será muy diferente a la de hoy, los de variados y activos sujetos económicos no estatales y los del ciudadano.

El hecho de que la economía cubana comience a descentralizarse y flexibilizarse, desde su núcleo estatal hegemónico, conllevará a que los distintos actores: empresa, cooperativa, trabajadores no estatales, gobiernos locales y territorios, sin dejar de cumplir con los grandes objetivos del Plan y del país, puedan acercar más sus gestiones a las propias realidades y necesidades de su entorno. Y ello, inexorablemente conducirá a ir cercando el largo brazo de cierta burocracia controladora de todo y de muy poco al final.

Este país podrá hacer realidad sus objetivos a largo plazo si allá abajo la vida económica y social fructifica por sí misma, con la participación dinámica y el beneficio de los actores locales. Este país sostendrá la suerte de todos, pero la de cada uno habrá que ir labrándola con soluciones y potestades, sin tantas trabas, en Cacocum o en Nuevitas: hasta para atender allí, con mirada sensible, los problemas humanos individuales, que no pueden distinguirse desde las macrocifras y los vastos planes.

El humanismo y la sensibilidad nos trajeron hasta aquí; por intrincados y a veces erróneos senderos, dando traspiés y levantándonos; pero nos trajeron. Y tendrán que seguir acompañándonos, con mucha más razón hoy. No se trata de restar ni dividir sino de multiplicar el bienestar y el progreso del socialismo cubano entre todos, ya no tan homogéneamente: cada uno desde su espacio y posibilidad.

Por eso hacen falta precisos catalejos para distinguir lo bueno del mundo que nos rodea, y también a unos cuantos enemigos cercanos que siempre nos están midiendo. Y poderosos lentes internos, para vernos bien de cerca los defectos y las torceduras. Pero no olvidar tampoco microscopios de gran potencia, para descubrir los males de raíz, desde la misma célula que los originan. Toda una óptica de la salvación.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.