«Un mendigo sentado en un banco de oro»

Autor:

Brenda Loyola Peña

Cuenta la historia que cuando el investigador italiano Antonio Raimondi llegó a Perú en el siglo XIX y vislumbró tanta riqueza rodeada por una extrema pobreza, expresó: «el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro».

Esa frase toma vigencia pues la nación multiétnica, multicultural y multilingüe guarda dentro de sus fronteras la grandeza de la historia matizada por la civilización inca, gran variedad de recursos naturales, y en oposición, índices sociales en rojo propiciados por un sistema que reboza los bolsillos de pocos y agudiza los problemas de muchos.

Si bien es cierto que la economía peruana, impulsada por sus altos índices de exportaciones, sobre todo en el área de la minería, creció en 2010 casi un 8,9 por ciento, también lo es que poco más de un tercio de la población vive bajo la línea de lo que llaman pobreza extrema.

La acentuada miseria contrasta con la realidad de que la nación es la primera productora-exportadora de plata, la segunda de cobre y zinc, la tercera de estaño, la cuarta de plomo y la sexta de oro a nivel mundial.

Esta escalada en la industria minera no ha catapultado el bienestar de las comunidades que rodean los yacimientos, aunque sí enriqueció a las empresas transnacionales que explotan los recursos de una tierra que no les pertenece. Los pobladores que habitan las locaciones mineras han denunciado la contaminación de sus ríos y lagunas por la producción, y han exigido al Estado obligar a las compañías a responder por los daños ambientales.

Esa es la dramática realidad, multiplicada por la «fatigosa labor» de gobiernos entreguistas, que rodea ahora la llegada de un nuevo presidente, cuando todo se dispone para la segunda ronda.

Ollanta Humala aventajó a otros cuatro aspirantes a la presidencia en la primera vuelta con un 31 por ciento de los votos emitidos y deberá enfrentar en el balotaje del 5 de junio a la exlegisladora Keiko Fujimori.

La candidata de Fuerza 2011 prometió que de ganar creará disposiciones constitucionales que promuevan el acceso a la libre empresa y el libre comercio, mientras que el representante del bloque progresista Gana Perú recoge entre sus propuestas un cambio gradual de la Constitución a través de consultas populares, así como la adición de un monto a pagar por las empresas mineras y la estatización de sectores estratégicos de la economía.

Las ideas de Humala dispararon la alarma de los grandes monopolios extranjeros que saquean a la ya empobrecida nación, apoyados por el discurso de los medios de derecha que «casualmente» sustentan sus mentiras con dotes caudalosas pagadas por sus amos.

Y es que las compañías mineras en Perú, que obtienen ganancias cada vez más millonarias amparadas por un modelo económico de acumulación y exclusión, favorecido, sin dudas, por los precios de los metales en el mercado, temen perder las prebendas de las que han gozado hasta ahora.

Algunos analistas que seguramente no se encuentran entre las clases más pobres del Perú han señalado la posible presidencia de Humala como un peligro para la economía del país y han desatado, con la ayuda de medios de derecha, una campaña del miedo contra el candidato.

Estos personajes parecen ignorar que la actividad extractiva sin responsabilidad social ni ambiental provoca impactos negativos que degradan los recursos naturales y depauperan las condiciones de vida de la población, además de concentrar las riquezas en pocas manos y favorecer la desnacionalización de la economía.

Pero es evidente que el status quo prevaleciente en Perú desde la década de los 90 no ha cumplido con generar el desarrollo social esperado, porque hasta los ciegos pueden ver que con él, la riqueza se va y la pobreza se queda.

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