Miamiando

Autor:

Lázaro Fariñas

En estos días, la ultraderecha cubanoamericana de Miami está de plácemes, ya que han tenido algunos triunfos en la ciudad. Claro, son triunfos que, por lo decadentes, son pírricos. Este segmento de la comunidad cubana que aquí radica no sabe diferenciar un triunfo de una derrota. Sin embargo, que actúen así no es nada nuevo. Siempre que sucede igual, pasa lo mismo. Como he afirmado anteriormente, esta gente no le teme al ridículo.

Hace unos días, se llevó a cabo una elección en una de las ciudades que componen el condado Miami-Dade, para escoger al alcalde de la misma y, con el apoyo mayoritario del electorado de origen cubano, fue electo James Cason, el mismo de triste recordación para los cubanos de la Isla; el hombre que fue designado jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana con el firme propósito de crear confrontaciones con el Gobierno revolucionario.

Se sabe que Mr. Cason fue, más que un diplomático de carrera, un provocador profesional. Su nombramiento tuvo, entre otros, el propósito de tratar de provocar al Gobierno cubano para que lo expulsara del país, para así crear las condiciones de un enfrentamiento entre ambos Gobiernos y romper las tenues relaciones existentes. Esa era la misión asignada al hoy alcalde de Coral Gables, y fue por esas acciones provocadoras en La Habana que el caballero logró el apoyo de la ultraderecha cubanoamericana.

Cason es como un elefante en una cristalería y, por lo tanto, nada bueno le traerá a Coral Gables. Después de su fracaso en La Habana, lo mandaron para Paraguay y por allá se buscó el odio de los paraguayos, hasta que tuvo que carenar en Washington, en los brazos de Frank Calzón, un cubanoamericano listo que ha vivido del cuento de los derechos humanos, viajando por el mundo y tumbándole centenares de miles de dólares al Gobierno norteamericano. El antidiplomático embajador se mudó para el sur de la Florida y ahora representa al electorado derechista de una de sus ciudades. Los millonarios cubanos que allí residen están felices. Vamos a ver qué pasa cuando el tiro les salga por la culata.

También, hace unos días, hizo su entrada triunfal por carretera —le tienen prohibido montar en avión— el héroe de la Calle Ocho de Miami, Luis Posada Carriles. Lo recibieron como un triunfador: conferencia de prensa en un bufete de abogados en la mañana y recibimiento con pitos, globos y matracas en un club privado, cena en el mismo club y fotografías de media página en El Nuevo Herald. Agradeció a la justicia norteamericana por haberlo absuelto en su juicio y a la ultraderecha miamense por haberse puesto con la plata para pagar los abogados.

Es curioso el caso de Posada Carriles. La gente que lo apoya dice que es inocente de cuanto se le acusa; que no tuvo nada que ver con la voladura en pleno vuelo del avión de Cubana de Aviación, que no tuvo nada que ver con los atentados dinamiteros que ocurrieron en Cuba a finales de los 90, que no torturó a ningún ciudadano cuando era comisario de la policía política venezolana, que no mintió cuando afirmó que había cruzado la frontera de México para entrar en este país.

En fin, para esta gente, Posada es un santo varón, un verdadero patriota, quien ha hecho todo por liberar a Cuba de los cubanos que la gobiernan. Pero entonces habría que preguntarse qué ha hecho Posada Carriles para ser el héroe de la ultraderecha.

Además de lo anterior, y con motivo del aniversario 50 de la batalla de Playa Girón, un grupo de «combatientes» fue invitado al Capitolio Nacional en Washington y allí los recibieron con bombo y platillos los legisladores republicanos. Recibimiento de héroes se les dio en el Congreso norteamericano. El presidente de la Cámara de Representantes los abrazó, notablemente emocionado, y les dieron placas de reconocimiento por el valor demostrado en la batalla por la «libertad de Cuba».

Esto mueve a risa. Un suceso que, por lo vergonzante, deberían enterrarlo en la historia para no hablar nunca más de él, lo conmemoran por todo lo alto y a página completa en el periódico local, hacen un recuento de lo que allí sucedió, ocultando la verdad o disfrazándola con una serie de cuentos y relatos que en nada se asemejan a lo acontecido. Por lo que cuentan, tal parece que fueron los vencedores en aquella contienda. Son loas a una derrota, cosas de Miami.

*Periodista cubano radicado en Miami

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