El alto precio de una alianza - Opinión

El alto precio de una alianza

Autor:

Nyliam Vázquez García

En medio de la algarabía por la publicitada muerte de Osama bin Laden, a medida que pasan los días se acrecientan las dudas y sospechas sobre la operación que supuestamente puso fin a su vida. Llueven los cuestionamientos de todo tipo e incluso, desde Washington se dan el lujo de insistir en la tesis de que Paquistán no estaba cooperando lo suficiente como parte de la alianza estratégica contra el terrorismo.

De hecho, justo después de la noticia de la eliminación de Bin Laden en un complejo residencial de la ciudad paquistaní de Abbottabad, el responsable de la política antiterrorista de la Casa Blanca, John Brennan, aseguró que es «inconcebible» que el líder de Al Qaeda se pudiera mantener en secreto en territorio de esa nación sin una red de apoyo.

Sin ser demasiado explícito, el funcionario dejó entrever inconformidad por parte de Washington, aunque cuando Obama dio la noticia al mundo tuvo a bien elogiar a Paquistán por la «cercana cooperación en la lucha contra el terrorismo». Según el portal Asiared, Paquistán ha recibido en la última década más de 11 000 millones de dólares de EE.UU. en ayuda militar para enfrentar a Al Qaeda.

De todas formas, la prueba más clara sobre la desconfianza de Washington hacia su aliado está en que no le informó de la operación contra Bin Laden hasta que no hubo concluido. Luego adujo «motivos» de seguridad. Lo cierto es que la brigada especial estadounidense que entró a territorio paquistaní no compartió información con los servicios de inteligencia de esa nación asiática. Precisamente este jueves, a través de un comunicado, el jefe del Estado Mayor aclaró que cualquier acción similar que viole la soberanía de Paquistán exigirá una revisión del nivel de cooperación militar y/o de inteligencia con EE.UU.

Claro, ya desde antes existían indicios de los desencuentros entre ambos países. Baste mencionar las protestas —un poco tardías— de Islamabad por los ataques con drones y las tensiones generadas por el caso del supuesto diplomático estadounidense que asesinó a dos jóvenes paquistaníes, y luego fue absuelto tras pagar una suma de dinero a las familias de las víctimas. Todo un arreglo para absolver a quien se dice era un contratista de la CIA.

Ahora, el presidente paquistaní Asif Alí Zardari se apresuró a defenderse de las críticas sobre la postura antiterrorista de su país, en un artículo publicado por The Washington Post. En el texto dijo que, a pesar de no haber participado en la operación final contra Bin Laden, esta había sido posible gracias a una década de cooperación entre Washington e Islamabad y que Paquistán abona un precio muy alto por ello.

Y en eso tiene razón el mandatario. El pueblo paquistaní ha pagado con creces compartir fronteras con la nación por la que EE.UU. inició su cruzada particular contra el terrorismo, así como por las ayudas made in USA. Civiles inocentes se han sumado a la larga lista de «daños colaterales» dejados durante años por los ataques con drones, por el solo hecho de que en las montañas paquistaníes se escondían el líder de Al Qaeda y otros grupos que les hacen la guerra a las tropas invasoras en el país vecino.

Finalmente, Bin Laden no estaba allá donde decían y ni siquiera dan pruebas reales de su muerte… ¿quién paga los más de 2 000 muertos solo por los bombardeos de aviones no tripulados? Según denuncia un informe de las Naciones Unidas publicado en mayo de 2010, EE.UU. lanzó más de 120 ataques con estos aparatos desde que en 2002 comenzara su ofensiva contra Al Qaeda.

Lo peor es que desde la Casa Blanca insisten con cinismo en que la guerra contra el terrorismo no ha terminado. No importa que la supuesta eliminación de Bin Laden los deje sin la justificación primigenia para la guerra iniciada hace una década. La «misión salvadora» continúa. Después de discursos, rituales secretos de enterramiento, «celebraciones», los paquistaníes no pueden estar seguros. ¿A alguien le quedarán dudas de cuánto pesa la alianza? Tanto que carga miles de vidas.

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