Con derecho de autor

Autor:

Lisandra de la Paz Valdés

¡Están vendiendo picadillo de niño en la carnicería!, gritó una señora, y mi reacción fue asegurar que la UNICEF demandaría a alguien. Pero todo se aclaró cuando comprendí que lo que estaba en venta era la dieta de carne para menores de edad.

Algunos errores de la lengua son realmente graciosos. En las puertas de algunas casas es usual leer letreros como este: «Se vende pantalón para hombre negro»... ¿Un hombre blanco no puede tener la talla para la prenda, o es que el comerciante dejaría de vender por sus prejuicios?

Cierta vez se vio un letrero que decía: «Se echa aire por atrás». Debemos tener cuidado con lo que hacemos público.

Aunque no solo los letreros nos hacen reír en esta tierra nuestra. Muchas veces la inventiva del cubano para salir de apuros parece cosa de la ya añeja comedia silente.

Las antenas de televisión hechas con bandejas de comedor fueron un episodio común. Todavía anda por ahí el híbrido surgido de una bicicleta y un motor, que alguien inventó para una locomoción más placentera aunque no tan silenciosa.

Cuando los bebés crecen, hay quien recicla los coches para ir de compras al mercado agropecuario. Mientras tanto, la picardía criolla burla al inexorable y consagra a algunos como verdaderos artistas, por las obras arquitectónicas que logran en sus casas, que lanzan una trompetilla a las leyes de la Física.

Los ventiladores hechos con motores de lavadora fueron un aporte tremendo para el bienestar de la familia. Como «caminaban» por la casa, todos tenían su porción de aire en las noches de verano, y algo de peligro también, pues sus aspas metálicas metían miedo...

Y si hablamos de cultura culinaria, grandes iniciativas hubo en ese terreno durante el período especial, con innovaciones como el arroz de fideo y el picadillo de gofio. Entonces, lavar con maguey y hacer los llamados cigarros «tupamaros» con las colillas de otros tabacos, era algo normal...

La motobomba de un pozo, fabricada con el cuerpo de una bicicleta y un motor implantado, cumplía muy bien su trabajo aquel día en que la vi.

¿Quién no ha sido testigo o protagonista de pasajes como estos? Y es que la vida del cubano es así, llena de ocurrencias únicas y humor a la hora de afrontar los problemas, de carteles en el paso diario que arrastran consigo carcajadas, y de «inventos chinos» que ya tienen derecho de autor en nuestra sociedad.

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