Un matiz para sumar - Opinión

Un matiz para sumar

Autor:

Alina Perera Robbio

El VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, complemento y la más alta nota de un proceso de discusión popular profundamente democrático, ha sido para muchos el parteaguas imprescindible en un largo camino de esfuerzos por hacer posible la existencia y el mejoramiento de la nación.

Cuando leamos y estudiemos detenidamente cómo quedó el documento donde se recogen los Lineamientos tras meses de discusión popular, y después de las reflexiones en la magna cita partidista, tendremos noción exacta de cuánto ha mejorado la Letra —como me gusta denominar a lo que está claramente escrito y dicho sobre lo necesario y lo posible—; y podremos comparar la primera versión de proyecto con lo definitivamente aprobado, lo que permitirá apreciar el salto en las ideas —y me atrevo a adelantar la certeza del salto desde mi condición de reportera, militante del Partido y testigo del VI Congreso.

Es lúcido el arsenal de conceptos, en tanto recoge el espíritu y el pensar de muchos. Y es también motivo de desvelo, ahora que nos tiene a todos meditando sobre cómo vamos a hacer para que poco a poco la Letra se vaya convirtiendo en cuerpo, en realidad de país.

En el ámbito de lo teórico resulta un insoslayable material de estudio, y también guía, el Informe Central al Congreso, leído por Raúl en la jornada de apertura del gran cónclave. Y es justamente en este acápite perteneciente al universo de lo ya planteado, donde quiero detenerme. Pues, en mi opinión, en él habita una de las ideas más transgresoras, inclusivas y unitarias de todo lo expresado en estos tiempos.

Me estremeció, francamente, el concepto compartido por Raúl de que «salvo para las responsabilidades propias de las organizaciones políticas, la militancia no debe significar una condición vinculante al desempeño de puesto de dirección alguno en el Gobierno o en el Estado, sino la preparación para ejercerlos y la disposición de reconocer como suyos la política y el Programa del Partido.

«Los dirigentes —continúa la cita— no surgen de escuelas ni del amiguismo favorecedor, se hacen en la base, desempeñando la profesión que estudiaron, en contacto con los trabajadores y deben ascender gradualmente a fuerza del liderazgo que solo otorga ser ejemplo en el sacrificio y los resultados».

Es una idea que ilustra, como pocas, el gran desafío de la sociedad cubana en su hora actual: cómo ajustar nuestro pensamiento a la altura de lo que tan claro está sobre el papel; cómo aventurarnos al cambio profundo en nuestro modo de concebir la realidad. Porque la exhortación que hace el Presidente cubano implica echar por tierra prejuicios entronizados en mucho tiempo, muros invisibles que han estado limitando la posibilidad de entrega de personas capaces, honestas, y patriotas, en espacios importantes para la suerte del país, por el hecho de no militar en el Partido o en la Juventud Comunista, aunque su entrega estuviera en consonancia con el programa del Partido que es alma de la Revolución.

Reconozcamos que ese «requisito tácito», como llamó el compañero Raúl a la militancia, ha estado y está presente en el modo de pensar de muchos cuando se ha tratado de buscar personas para ocupar cargos de dirección. Y que también esa exigencia fue vista por algunos, oportunistamente, como «sello de garantía» para escalar peldaños sociales.

A partir de lo que se ha planteado queda claro que militar en algunas de las organizaciones políticas es un acto de elección entrañable; muy distante de ser pensado, para quien ingresa, como el suceso que acrecienta «confiabilidad» y prestigio ante los otros, como si esas no fueran cualidades que deben ganarse día a día, en la militancia de la vida misma.

Lo que ahora se plantea está muy impregnado de la voluntad martiana de sumar; y obliga abrir el diapasón humano de tal modo que el bando esencial y sagrado, donde caben tantos, sea el de la honradez, el de los que se entregan de corazón y con toda inteligencia al acometimiento de la Obra.

El Partido y la Juventud son la vanguardia en tanto encarnan, con sus programas, los principales anhelos de la nación. Y eso les obliga, como se dijo en el VI Congreso, a acrecentar su trabajo y funcionamiento interno. A mí me parece que, con el matiz aportado por Raúl, nuestras organizaciones saldrán fortalecidas, sus militancias serán más puras, y la interacción con el universo de los «no militantes» cobrará un sentido más auténtico, más natural y cristalino, siempre y cuando no esté en el candelero hacer concesiones de principios.

Al final, Cuba toda será la más fortalecida. Habremos dado un salto de gigantes cuando al ver un hombre o una mujer capaces y queridos por sus compañeros, listos para tomar decisiones importantes, lo que más importe sea la certeza de que ellos sabrán llevar la tarea adelante, movidos por grandes sentimientos de amor, como dijera el Che; y sin más desvelos que la virtud misma.

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