Las puertas abiertas de Liuba - Opinión

Las puertas abiertas de Liuba

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

Por estos días la cantautora cubana Liuba María Hevia concede su buena música y su actuación siempre reveladora a varias provincias, como parte de una gira nacional en la que regala muchas de las canciones de su última producción discográfica, Puertas.

Otra vez la inmanencia de la artista vuelve a filtrarse entre esos impresionantes acordes que nos ponen al descubierto la expresión acurrucada y simpática de Liuba, en la que parecen armonizarse las musas poéticas que la rondan y le dan vida a sus obras con las cuerdas frotadas de los chelos.

Con esos aires improvisados de jazz y blues que aderezan el disco, las puertas de esta mujer todo guitarra se abren gentilmente para mostrarnos un cuadro intimista donde la familia y las historias humanizadas y creíbles de su generación se tornan imágenes de cabecera.

¡Qué grata exploración a sí misma la de esa voz ligera y sensitiva que invoca entre despabiladas melodías a la madre de uno en sus desvelos y pasiones, a los afectos y las tristezas que se vierten y se sienten casi al unísono como los fotogramas de una película, y a esos instantes que a ratos nos hacen visibles e invisibles para algunos!

Estas singulares puertas atesoran la gracia de trascender el umbral de las necedades y las fanfarronerías, para concedernos el privilegio de una sonoridad que transita, como travesía mágica, desde la inquietud soñadora de un niño hasta las rigideces y los instantes menos rígidos de los que ya no lo somos.

Ellas alertan, predicen, adivinan, confiesan, atrapan, ilustran, seducen, calman, oxigenan. Y todo por guardar consigo la maravilla y la complicidad características de quien toca desde los ocho años la guitarra y ya nos ha creado la sana costumbre de un ritmo exquisito y atrayente, entre guajiras, boleros, sones, habaneras y otros tipos de canciones.

Con la cadenciosa copla del abuelo asturiano parecen abrirse entonces todos los portones de la emoción, todas las hendijas hacia las historias de esos seres habitables y queridos que nos sirven de primera escuela, mientras dominan nuestros pasos con sus canas virtuosas como si estas fueran los propios hilos de la Luna.

Una hamaca, los terribles amores de cuarto menguante y una infancia pintada con verdor aceituna arremolinan todavía las fibras nostálgicas de la cantautora, movida por el calor filial y esas gratitudes íntimas que con el tiempo se multiplican.

Puertas, verdaderas puertas que se abren y se entreabren son las de Liuba, caminos curvos y largos que nos llevan por la autenticidad y la apacible armonía, inspiraciones a veces hondas, siempre próximas. Con su música y su esperanza arraigada en lo que fue y seguirá siendo, nos recibe, nos conquista, y aun nos deja, como sus mismísimas canciones, con las alegrías bien abiertas.

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