La gota de felicidad de Silvio

Autor:

Omar Rafael García Lazo

Ahí va Silvio otra vez, guitarra a cuestas, con sus amigos. Insiste en hacer Revolución. No se queda atrás, evoluciona y regresa a los barrios, con los humildes. Les lleva el consuelo y lo hermoso que habitan en una canción y la franqueza que se acurruca en su gesto.

Ahí va Silvio, con su estatura de pueblo, pendiente del vacío que acecha para llenarlo, o al menos intentarlo. Los barrios, siempre despiertos, se sorprenden y agradecen la gota de felicidad que les lleva.

Los problemas materiales obstaculizan andares y propósitos, pero la pureza del espíritu y la consecuente relación entre el arte y la gente se imponen. Se tienen que imponer. Y Silvio, «el Necio», demuestra que es posible.

Nuestros barrios viven, viven intensamente, mientras algunos de sus hijos se alejan de la savia más auténtica que nos define. Los alejan los designios infaustos de los mercaderes que obligan a engullir falsos placeres. Por eso va Silvio y su banda de amigos a limpiar los templos más genuinos.

Crece el «complot». Ya no es solo Silvio y algunos amigos. No hay convite. Hay deseos, necesidades de dar, pero también de recibir, sin monedas a cambio, un aplauso con callos, una mirada profunda, una lágrima sin carmín o la simple sensación de vivir una tarde distinta, una tarde que llene.

Allí, desde las raíces de la Patria, cantan Silvio y más amigos. Saben de prisiones, pasaron por ellas con melodías y letras regando la resiembra de nuevos senderos. Por eso también vienen a los barrios, con esa fuerza más, a trocar los grises y desparramar azules y rojos, a sembrar más esperanzas y flores.

Nuestra Cuba es un país de emociones desbordantes, de intensas vibraciones, de inimaginables semillas germinadas gracias a vitales lluvias, a épicos rocíos y a gotas indispensables como la que Silvio riega, con su música, por los jardines más necesitados.

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