Verano familiar

Autor:

Juan Morales Agüero

El verano se cuela sin protocolo en los predios del hogar para aplacar con su carisma el estrés de la cotidianidad. Por obra y gracia de su irresistible poder de seducción, la familia cubana hace mutis por un par de meses de sus urgencias y cae rendida en los brazos de este período pícaro, bullanguero, caluroso y bailador.

Una opción tentadora es darse un saltico hasta la playa más próxima, ligeros de zozobras y de indumentaria, y darse en sus salobres aguas un chapuzón de cinco estrellas. Nada como una buena zambullida para sacudirse la rutina y relajar las ansiedades. Parece verdad de Perogrullo, pero es así: el mar es el destino perfecto del verano.

Algunos tienen otros planes en su agenda. Por ejemplo, soldarse como una lapa al sillón más cómodo y mullido de la sala a banquetearse con la programación deportiva de la televisión. Como esta desconcertante Copa América de fútbol, que le ha ganado por goleada a la (i)lógica de tantos pronósticos precontienda, en apariencia coherentes.

Los fieles correligionarios de Baco no se andan por las ramas cuando el verano los convoca a acodarse junto a la barra. Antes de que el Astro Rey nos castigara con sus primeros ardores, ellos ya habían reportado a filas.

También reunir a un grupo de socios, halar una mesa con cuatro banquitos hasta el algarrobo de la esquina y desgañitarse con un doble seis ahorcado o un tres de copas muerto. Y, claro, decirles cuatro cosas a los «sapos», que nunca faltan. Sí, el dominó y las cartas hacen buenas migas con esta etapa que complace y achicharra.

Las preferencias de los (as) jóvenes posiblemente son distintas a las del resto de los miembros de la familia. Por su edad y expectativas, quizá se sienten más inclinados (as) por una noche de discoteca o por un paseo con sus amistades. O tal vez voten por permanecer en casa para disfrutar de una buena película o leer un buen libro.

El verano es la estación preferida de los niños. Pueden acostarse y levantarse más tarde y disponen de mayor tiempo para recrearse. Ellos, ahora, invaden los solares para imitar a sus deportistas favoritos, ya en el reino de los goles, los jonrones, los saltos… Lo dice el conocido refrán: ¡De todo hay en la viña del Señor!

Mientras tanto, ellas —después del trabajo y de sus múltiples deberes— se arreglan coquetamente las uñas y el pelo para que el verano —y quien no es el verano— las siga encontrando atractivas y les dedique —¡cómo no!— un cálido piropo.

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